ENTRE PUENTES
Quizá, estimados lectores, ojala; tengan
ustedes sobradas razones o sensaciones para el optimismo, para la alegría en
vida y de todo cuanto nos rodea, más: (que este curtido comentarista), y les
agradaría que no haya escrito este articulo a modo de Réquiem, o tal vez
coincidan en sus términos, pero no puedo dejar de hacer mención a la cantidad
de despropósitos, a las zozobras e injusticias, que cada día padecemos…-Uno se
para reflexionar sobre esto un momento,
y queda perplejo, al sentir que después de miles de años, el ser humano, su
evolución y su capacidad de razonar, pensar y decidir, apenas si ha progresado-,
pues hoy, cuanto se viene sucediendo en nuestro entorno, da verdadero pánico…
Por ello no puedo dejar de pronunciarme sobre el poder de las bestias, de la
justicia criminal, de la avidez burguesa, de la cobardía de los pueblos, de la
hipocresía e inutilidad de organismos internacionales que sarcásticamente
“bregan por la paz” y “la igualdad de derechos de los hombres”, de la
genuflexión de las corporaciones periodísticas del mundo y de los intelectuales
esclavos, que impulsan y justifican el estado de guerra concreto y virtual
permanente, instalado en este pobre planeta globalizado y caótico.
Quisiera agregar además que la humanidad está cocinando un porvenir con los
miembros paralizados, los nervios destrozados y la cabeza congelada. Hago
mención también de la ley utilizada por los poderes cual corteza que legitima
delitos, las neuralgias sociopolíticas. ¡Ah! y no olvido a los distribuidores
de premios, en nombre de la simulada hermandad de todos los hombres: academias
instaladas para justificar la ubicuidad de ausencia de sentido vital en este
mundo que ya no se comprende.
¿Puedo también participar, de candorosos
optimismos? ¿O bien debo hacer una apología de mesías inversos? O dedicar unas
palabras a presidentes offshore, a
los mercaderes de armamentos y de drogas, a las top models como mercadería de
intercambio de la imagen de la actualidad, a los notorios periodistas
negociables que llegan a la noticia cuando todo ha pasado o simplemente la
inventan, a los empresarios que se legitiman en la estafa, a la irreflexión y
la bajeza, a la vejez como horror ejemplar, al suicidio de los pueblos, a quienes
sacan un “billete”, para el cementerio del Mediterráneo,; o ahora nombrara los
turnos, de policías para entrar en los colegios etcétera… da grima seguir..
No hago más que arrojar algunas palabras:
aislamiento, genocidio, degeneración, vulgaridad, prostitución… Hago hincapié
en el espectáculo de la existencia que un día en un solo instante, en el
instante decisivo, arrojará al hombre al espejo que ya no reflejará su imagen. No
deseo hablar de imperios en putrefacción, ni de religiones, ni de repúblicas
estúpidas, ni de tratados entre naciones, ni de amor a la patria, ni de abyecta
neutralidad, pero no puedo evitar sonreír ante quienes gobiernan este mundo o
los poderosos de turno. ¡Horror!: una humanidad cómplice y cobarde, hombres que
consumen toda la basura que se les ofrece, mandarines y mandaderos, con la
pobreza de sus necesidades… Criaturas de la degradación, criaturas de la agonía…
Una situación de bajas defensas perfecta para el advenimiento de todo tipo de
nostalgias de disciplina o de obsesión de diferencia: abierto el estado de
cosas a fundamentalismos, racismos, academicismos y mesianismos camuflados de
progreso… de huidas hacia atrás o hacia delante, en naturaleza, cultura y vida.
Así, pasan los días, y las horas, se convierten en asuntos negociables,
todo tiene valor en moneda. El mercantilismo impuso su sustancia, sentenciada
la calle por el prostíbulo político que promueve a sus “héroes” en la pantalla
chica… o tal vez en las denominadas redes sociales. En medio del drama hay
numerosos premios. La gente dice estupideces en 3D: un imbécil, un candidato,
una clave… qué importa, adoran la justicia cuando está de su mano. Previsible
final a todo celuloide, donde las campañas políticas las impulsan dobles
prestigiosos de un circo mediático de consecuencias imprevisibles para la salud
mental de un pueblo que baja la cabeza. La verdad fue violada en toda su
evidencia, ¿no es razón suficiente?
¿Claro, hay cosas que merecen la pena
conservarse, para ser “salvados”, para que puedan ser la razón de vivir, aunque
sea en la más absoluta mediocridad. –Algo es algo.
Fermín
González Salamancartvaldia.es (blog
taurinerias)

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