ENTRE PUENTES
REGENERAR ESPAÑA – (II)
Buena parte de la desafección que
arrastra en la actualidad la clase política tiene su origen de manera
fundamental, en la vigente normativa. Electoral que no favorece la
representación, esencia de la democracia moderna. Nuestros diputados y
senadores viven, en realidad, muy alejados del electorado al que dicen
representar porque a fuer de ser sinceros no han conseguido el escaño por sus
ideas y méritos sino, más bien, por haber sido designados por el aparato de
cada partido para ocupar una posición de privilegio en unas listas que se
mantienen, con machacona insistencia, cerradas y bloqueadas. En consecuencia,
no tienen que rendir cuentas de sus actos a los electores sino tan solo cuidar
de ser fieles ejecutores de las consignas que periódicamente distribuye el
mando. Los parlamentarios se han acabado transformando en auténticos empleados
de los partidos y no recuerdan para nada a unos verdaderos dirigentes
responsables con altura política.
España necesita renovar en
profundidad su actual clase política y superar el régimen partitocrático en el
que hemos sucumbido que está asfixiando el progreso y desarrollo de nuestro
país. La Transición española en su afán de proteger a los partidos que entonces
comenzaban su andadura, les otorgó en la práctica un desmesurado poder del que
ellos han hecho un uso abusivo y han utilizado para colonizar y dominar al
conjunto del sistema. Esta situación ha desembocado en la consolidación de un
régimen partitocrático que aplasta a la sociedad y contamina las Instituciones.
Lo más grave es que, en gran medida, la solución a nuestros males pasa por la
decisión y última palabra de los propios partidos cuando son ellos, en
realidad, el núcleo del problema.
Todo ello será posible si
volvemos a creer en nosotros mismos ya que, cuando los españoles hemos creído
en nuestras posibilidades y adoptado las políticas adecuadas, hemos sido
capaces de alcanzar grandes logros. Debemos y podemos salir adelante. Estamos
convencidos de que España tiene futuro. Nunca en nuestra reciente historia, por
paradójico que resulte, tuvimos una juventud tan preparada ni unas empresas
competitivas a escala internacional con unos dirigentes de primera fila a la
cabeza. Contamos con el enorme potencial que nos proporciona nuestra cultura,
gracias a la riqueza y posibilidades de nuestra lengua. No hay razón, pues,
para que España no esté entre los países que ejerzan su influencia en el
concierto de las naciones. Estamos aún a tiempo de rectificar. La burbuja
inmobiliaria, cuyo estallido tanto daño ha producido a nuestra estabilidad
económica y financiera pudo haberse desactivado si hubiéramos actuado
preventivamente con decisión y celeridad. Otro tanto podríamos decir a la hora
de evitar el conflicto político que se está gestando en España si no nos
anticipamos en la búsqueda de una racional y sostenible solución. No es momento
para la pasividad y la resignación sino para la esperanza. No debemos
dedicarnos a cultivar el pesimismo, al que somos muy proclives, como ya
sucediera en épocas pasadas. Es hora de ponerse en marcha sin dilación y con
premura. ¡Vamos- creo yo-.!
Fermín
González Salamancartvaldia.es
(blog taurinerías)
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