ENTRE PUENTES
REGENERAR ESPAÑA (I)
En estas azarosas horas que
atraviesa España, sumida en un profundo desconcierto, a merced de lo que nos
dictan desde fuera y con una clase política que en muchos casos parece incapaz
de enderezar la situación, cuando
anhelamos una España con un porvenir ilusionante y en el que podamos confiar. Cuando
hoy comprobamos que un sector muy numeroso de nuestra juventud no encuentra
trabajo alguno y se ve abocado a una angustiosa situación de paro forzoso y
duradero, creemos necesario proclamar que España no está condenada sin remedio
sino que sigue siendo una gran nación con historia, cultura, talento y recursos
suficientes para seguir teniendo un porvenir incitante y prometedor. Ese
porvenir es el que los jóvenes y los no tan jóvenes debemos contribuir a
construir con nuestro protagonismo, nuestro esfuerzo y nuestra fe en nuestras
posibilidades. El intento de buena fe de los constituyentes a la hora de
establecer el Estado de las Autonomías no estuvo exento de cierta ingenuidad al
querer desconocer las lecciones de la historia. El afán de conseguir el ansiado
consenso consistió en tratar de lograr la integración de las fuerzas
nacionalistas en el marco constitucional por todos los medios posibles,
operación que con el tiempo se ha demostrado fallida y se puede dar hoy por
definitivamente fracasada.
Defensores del Pueblo, Consejos
Consultivos, multitud de empresas públicas –la mayoría en ruina manifiesta- y
un rosario de asesores y personal contratado al margen de la Administración
constituye un verdadero lujo difícil de mantener. No se puede exigir continuos
y crecientes sacrificios a aquellos honrados ciudadanos que trabajan sin
desmayo para sacar adelante sus familias, al mismo tiempo que se contempla el
bochornoso espectáculo de un aparato estatal desbocado al que no hay manera de
poner freno, mientras continuos casos de corrupción que salpican a la mayoría
de partidos en muy distintas autonomías, quedan en la práctica inmunes. El
escenario que se vislumbra en Cataluña y el País Vasco para los próximos meses,
donde los sectores nacionalistas se complacen con reiteración en desafiar al
Estado defendiendo una inviable autodeterminación y una alocada independencia
–sin fundamento histórico serio ni base legal alguna- raya en lo intolerable,
debilita en gran medida a nuestro país en la escena internacional y daña
gravemente la convivencia entre los españoles. Y es aún más grave que el
Presidente de la Generalidad de Cataluña, primera autoridad del Estado en esa
Comunidad Autónoma, encabece un proceso hacia la secesión en flagrante
conflicto con la Constitución española de la que derivan sus poderes y
atribuciones con olvido de los deberes que le impone su cargo.
En otro orden de consideraciones
contemplamos con inmensa preocupación que la clase política, siempre dejando al
margen muy honrosas excepciones, se deteriora por momentos y su imagen ante la
ciudadanía alcanza cotas de un creciente desprestigio. La presente situación
constituye un problema añadido de gran transcendencia porque un país siempre
necesita, y más en momentos como éste, contar con dirigentes con autoridad y
prestigio en los que confiar. Parecería que un sinfín de compromisos y ataduras
impidiesen a los políticos emprender cualquier reforma de calado en el sistema
lo que conlleva la paralización de cualquier intento serio de revertir la
situación.
Fermín
González Salamancartvaldia.es (blog
taurinerías)
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