ENTRE PUENTES
CON LOS AÑOS PRECISOS
Puede ser; que a medida que vamos
haciéndonos viejos observamos que cuanto nos rodea se va transformando
irremisiblemente ante nuestros ojos; parece como si los hombres fueran
distintos de los que conocimos en nuestra juventud, que las cosas suceden de
otra manera que antes. Y; como encontramos otras costumbres, otras leyes y otro
ambiente, llegamos incluso, a pensar que es otro el horizonte que tenemos a
nuestro alrededor ¡Cuantas cosas han desaparecido! ¡Cómo han cambiado los
gustos, y como las preferencias y las prioridades en la vida! ¡Pero cabe preguntar! ¿Es el ser
humano de hoy más feliz que el de ayer?
Constantemente se critica a las
personas mayores, por no adatarse al mundo moderno, a sus técnicas, comunicaciones,
redes sociales, y otras nuevas tecnologías (cuando
muchos años atrás, eran considerados, “sabios” a los que se les escuchaba con
respeto y se les pedía consejo en cualquier, ámbito de la vida, estos
constituían un foro y una herramienta vital, pues la experiencia de haber
resistido a otras épocas, tenía un valor y fundamento reconocido).
Sin embargo, nosotros – con los años precisos- nos
responsabilizamos, por todo lo que hemos hecho, que no ha sido poco, y no
culpabilizamos a nadie por ello. Y tras una serena meditación, nos gustaría
señalar que; a pesar de haber llevado el pelo largo, de haber vivido una
revolución sexual, una posguerra, una transición, una adaptación
industrial, habernos revelado contra ciertas
imposiciones y valores dictatoriales inculcados, y de haber bailado con los
Beatles y los Rolling Stones:
No fuimos nosotros los que eliminamos
la melodía de la música.- El talento y el ingenio de las creaciones
artísticas-.- La buena voz a la hora de cantar-. El orgullo por nuestra apariencia
exterior. La cortesía al conducir.- El romance en las relaciones amorosas.- El
compromiso de la pareja.- La responsabilidad de la paternidad.- La unión de la
familia.- El aprendizaje y gusto por la cultura.- El sentimiento de
patriotismo.- El rechazo de la vulgaridad y la grosería.- La escena de la
Navidad de escuelas y ciudades.- El buen comportamiento intelectual.- El
refinamiento del lenguaje.- La dedicación a la literatura.- La prudencia a la
hora de gastar.- La ambición por ser alguien en la vida.- Ni tampoco sacamos a
Dios del gobierno, de las escuelas, de los hospitales y de nuestra vida.- El
respeto a los demás, a las mujeres y ancianos.- Y por supuesto que no somos los
que eliminamos la paciencia, y la tolerancia de nuestras relaciones, ni nuestra
iteración con los demás.
¡En efecto; ya soy una persona mayor!...
Pero desde este atalaya todavía puedo ejercer la crítica, puedo contar alguna
historia incluso, algún chiste, y no soy un frustrado cascarrabias
intransigente. Simplemente que tengo la edad para decir- que hay cosas que ya
no me gustan… Ya no me gustan la
congestión del tráfico, ni las muchedumbres, ni la música alta, ni los niños
gritones, ni los perros que ladran y ensucian en la ciudad paseos, parques y
jardines, ni ciertos políticos que engañan, ni tantas otras cosas que podría
recordar.- Pero, si deseo seguir disfrutando de la vida que me quede-. Eso sí,
respetando a los demás y que los demás me respeten a mí. Espero de las personas
mayores que entiendan esto, a buen seguro que muchos también sintonizan, con
esta reflexión y dichas inquietudes no están muy distanciadas entre unos y
otros. Y, del resto que tengan presentes- que algún día también serán mayores.
También se sentirán… Con los años precisos.
Fermín
González salamancartvaldia.es (blog
taurinerías)
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