CENIZAS EN LA FRONTERA
NO FUE TU FINCA, LA FINCA DE LA ABUNDANCIA, ESTA, DE TU BERROCAL, DONDE TE RECOGIAS, DONDE PENSABAS, Y TE REPONIAS, DE AÑEJAS Y VIEJAS CORNADAS, DONDE GOZABAS DE PAZ Y SILENCIO, SENTADO, AL AMOR DE UNA LUMBRE, VIENDO COMO LA ENCINA (AQUELLA, QUE TU TANTO querías), SE CONSUMIA, se CONVERTIA EN BRASA. Y al igual que tu, después, en ceniza. Y cuando verano era, podías dormirte al raso, soñando toros de color de noche, entrepelados de estrellas.
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En ese berrocal, no doblaban los cencerros, no había lujosa placita de tientas, ni vaqueros con zahones en caballos postineros. ¡Y ni falta que te hacia! Eras feliz en tu finca, de pedregal, de jaras, matojos y riscos, donde pastaba tu puñado de ganado, del viejo y bravo encaste de un ganadero ilustre llamado Manuel Arranz.
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En ese berrocal, tenias tu lugar de retiro, tu encuentro y tu desencuentro con el mundo del toro, con la jungla taurina, con las paginas volanderas de los periódicos, donde tantas veces plasmaste crónicas, reseñas, reportajes, y opiniones llenas de verdad colorido y gracia, para que, tus enemigos (de los que presumías, tener más que nadie), leyeran desde el titulo inicial, hasta el punto final.
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En ese berrocal, y en su modesta plaza de tientas, donde junto a ti, grandes toreros probaron tus machos y hembras, se ha quedado yermo, triste, sin lumbre, sin encina. ¡Tu! Tan lleno de sabiduría taurina, te dejaste pegar una cornada, que, al igual que aquellos tres maestros “manolete” “Joselito” y “espartero” “(buscaron triunfo en la muerte. Y con la muerte se fueron)”. No quiero pronunciar tu nombre. Pues, amigos y enemigos, saben de sobra, a quien me refiero.
F.G.V.
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