PATRIA
“Es importante hablar de lo que importa. Callar mata en
silencio. Lo que no se nombra existe. Silenciar la lengua no oculta el
sufrimiento humano ni las desgracias que hieren a la naturaleza. En silencio,
no duele la muerte cuando no es cercana, cuando no te concierne. En silencio
acecha la muerte detrás del jolgorio de la vida. En silencio alientan
la guerra los cruzados del universo facha, con Trump a la cabeza y Wall Street
haciendo caja.
El silencio es una ovación cerrada a quienes, sembrado el
odio, cosechan las fobias y las agresiones que dañan y maltratan a la
sociedad en las calles, los medios y las redes sociales. El silencio
es la validación del bulo y la desinformación, el despeñadero donde pretenden
arrojar a la verdad y a la democracia los enemigos de la Verdad y la
Democracia. El silencio es el cadalso donde cuelga, oscilando, linchado, el
cuerpo inerte de la Libertad.
Don Antonio Machado,
en plena Guerra Civil, escribió: «En España lo mejor es el pueblo.
Siempre ha sido lo mismo. En los trances duros, los señoritos invocan la patria
y la venden; el pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre y la
salva». La palabra “vendepatrias”, (no recogida en el
Diccionario de la RAE, pero sí en el Corpus Diacrónico del español -CORDE-)
viene a significar “que actúa en contra de los principios, la
legalidad o el beneficio de su propia patria”. Por último, el concepto patriota
de hojalata alude a que “algo hecho de hojalata puede ser muy ruidoso,
pero por dentro está vacío y hueco”.
Lo anterior permite definir el ardor patriótico
simbolizado en banderitas para muñecas, balcones, coches, solapas y correas de
mascotas que exhibe la autollamada gente de bien. A muchas de estas
personas se les llena la boca de Patria, aunque no les tiembla el pulso a la
hora de venderla a intereses privados, sea a fondos buitre o a multinacionales.
A esta gente populista y “vendepatrias”,
que no duda en aplaudir a peligrosos enemigos como Putin o Trump, le viene como
anillo al dedo la infame etiqueta “patriotas de hojalata”.
Estos tiempos aciagos para la humanidad, para Europa y para
las Patrias, en los que Trump impone fobias, pobreza y bombas, se decanta por
incrementar el presupuesto para armamento, son tiempos propicios para que el
patriota rechace las falsas banderas, defienda a sus compatriotas y arremeta
contra populismos bélicos. El patriota de hojalata apoya medidas para
la muerte de millones de personas en otra guerra estéril que sólo servirá para
llenar Europa de cadáveres y de dinero el bolsillo de una minoría.
El patriota tiene el deber ineludible de defender el campo,
la industria y el comercio de su país de la arbitraria agresión de Trump. El
patriota debe evitar consumir productos americanos, eludir sus
franquicias y buscar alternativas a sus portales. Al contrario,
el “vendepatrias” estará orgulloso de
ser cliente premium de ese mercado que daña al comercio local y el patriota de
hojalata alardeará de la falsa calidad de los productos importados que fabrican
los americanos en paraísos de la esclavitud y la desregulación como China e
India.
El patriota jamás apoyará la supresión de Pensiones,
Sanidad, Educación y Dependencia del Sistema Público a sus compatriotas para
que empresas privadas hagan negocio con los derechos. El patriota de hojalata
tiene plan de pensiones y seguro sanitario privado, lleva a sus hijos a
colegios privados y mal paga de forma ilegal a mucamas “ilegales” para
el servicio doméstico. El “vendepatrias”
defiende la colaboración pública/privada, justifica privatizar beneficios,
socializar pérdidas y el chorreo de comisiones en sus entornos.
El patriota reconoce, agradece y paga el trabajo de quienes
cuidan a las personas mayores, trabajan los campos, arriesgan su salud en los
invernaderos, se mueven en los andamios, venden fruta o sirven en la
hostelería. El “vendepatrias” aplaudirá la coyuntura de que sus compatriotas se
vean obligados a salir al extranjero para encontrar los proyectos de vida y la
dignidad que la patria les niega. El patriota de hojalata señalará el
color de la piel, el origen y la religión del trabajador extranjero y lo
buscará sin papeles para explotarlo.
El patriota ondea la bandera de la convivencia en paz y libertad en una sociedad justa, igualitaria y solidaria. El “vendepatrias” tiene mil banderas que utilizará en su interés, siendo las más numerosas y llamativas las de los paraísos fiscales donde guarda lo que expolia al resto de la sociedad. El patriota de hojalata, amén de meter el cazo en el bien común, agitará pendones en tiempos bélicos como éstos, portará estandartes de populismo religioso sin fe ni credo y utilizará la propia bandera del país de forma sectaria y excluyente”.
Fermín
González
salamancartvaldia.es blog taurinerías

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