RELACIONES CARA A CARA
Hay un estudio que afirma que por cada hora que la gente
pasa en Internet, disminuye en 24 minutos el contacto personal con amigos,
colegas y familia. Pero lo peor de la noticia es que el consumo no para de
crecer especialmente entre los más jóvenes, aunque también debemos reconocer,
que buena parte de esta sociedad más
madura, no ha dejado pasar por
alto –el ser un “navegante” de la red -.
Y además los unos y los otros, para no perder detalle, nos hemos enganchado al
teléfono móvil, y toda la depurada técnica de estos, o sea, que llevamos el
Internet en el bolsillo, o mejor dicho en la mano, sin dejar de manipular el
mismo, a cada ocasión. Y como saben ustedes tanto por la calle, autobús, bar,
en la espera de cualquier cita, medico, o ventanilla, la gente esta tan
pendiente del artilugio, que algunos pierden la consciencia y pierden la vez, o
se han pasado de parada etcétera. Lo cierto es que resulta cuanto menos
descorazonador, ver a una pareja que entra al restaurante a cenar, nada más
tomar asiento, saca cada uno su móvil sin mediar palabra, y comienzan el trajín
de manipulación con el “aparato maldito”, y por lo que se ve
imprescindible para muchos.
Si asumimos el dato del estudio estamos perdiendo más de
media hora diaria de interrelación cara a cara con los demás. Es preocupante,
porque Internet y sus derivados, como medio de comunicación presentan
importantes interrogantes. Y la consecuente pérdida de contacto personal supone
seria amenaza para la capacidad de relacionarse con los demás.
Compañeros de clase y de trabajo, que han pasado ocho horas
juntos y han tenido aparentemente, todo el tiempo del mundo para compartir sus
vivencias, inquietudes. Sin embargo, cuando llegan a casa y se conectan al Messenger o al WhatsApp, es cuando
empiezan a hablar de todo lo que no se han contado hasta entonces.
Los adolescentes de hoy día son capaces de expresar por
estas vías sus más profundos sentimientos. Se “desnudan” emocionalmente
a través del teclado del ordenador. Sin embargo, cara a cara pueden
prácticamente no dirigirse la palabra, parece como si necesitaran la protección
de la pantalla, y les proporciona el escondite perfecto sin exponerse; pueden
decir lo que quieran sin temor a la reacción del otro, esto les provoca una pérdida
de habilidad en el intercambio personal, - la comunicación personal se aprende
practicando-y esto puede desembocar en una especie de “analfabetismo racional” que les hará el camino más difícil
cuando como adultos no tengan más remedio que interactuar con los demás. Esta
comunicación – pantalla digital-
construye relaciones muy lejos de la realidad, porque la misma esta desprovista
de las pistas necesarias para su correcta compresión. Es imposible interpretar
adecuadamente una emoción sin oír o ver a la persona que la expresa, podemos
entender de forma totalmente equivocada el mensaje que recibimos. Y como
emisores, podemos fingir cualquier emoción sin ser desenmascarados. En la relación
cara a cara, todo esto es imposible, porque el cerebro es sincero por
naturaleza y se encarga a través del tono de voz o de pequeños gestos – de
comunicar lo que sentimos, pongamos las palabras que pongamos. Solo cara a cara
hay certeza de sinceridad en lo que se dice.
Las relaciones a través de las redes sociales son de contacto, nada más. No podemos negar su
utilidad, - como vemos a diario-, pero
si cuestiono que se trate de verdaderas relaciones. Una autentica relación de
amistad no nos la podemos plantear con más de una decena de personas, porque el
esfuerzo que requiere simplemente nos agotaría. Al mismo tiempo, las redes
sociales introducen de nuevo, un factor de engaño o fantasía importante. Uno puede ser en ellas quien
quiere ser, no quien es verdaderamente.
Ayudemos, a que no se renuncie al contacto personal para construir y hacer crecer las relaciones de amistad, muchas de las cuales pueden haber surgido del contacto de la Red.
Fermín
González- salamancartvaldia.es
blog taurinerías

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