CUANDO LAS PALABRAS
HIEREN
Los comentarios hirientes nos sacuden todos los días, y casi
siempre nos toman desprevenidos, o no te los esperas de la persona, amigos/@s,
familia, hijos etc… hay momentos que los mismos parecen surgir de todas las
partes (y uno se pregunta ¿vaya día o semanita que llevo?, y entonces uno
empieza a preocuparse, y sentir si no será uno mismo, quien no comprende. El caso es: que en la calle a veces
aparece lo peor de la gente, ahora que tenemos que hacer cola para todo, en el
trato en muchos locales y centros, parece que las personas, por unas u otras
causas, empiezan a ser descorteses.
Existen tantos estilos de crítica destructiva, que es
imposible clasificarlos. Hay pullas comunes y cotidianas, y otras tan dolorosas
que nos dejan confundidos y molestos. También hay comentarios increíblemente
carentes de delicadeza, que sufren las personas educadas y correctas. Se supone
que en la familia nos refugiamos del mundo; pero en realidad los parientes
hacen comentarios que nunca saldrían de su boca fuera del ámbito familiar, con
el pretexto de que: “Bien sabes que no te
diría esto si no te quisiera”.
La clase de insulto que más llama la atención es la pulla
disfrazada, a la que se da el nombre de “crítica constructiva” (y que es todo,
menos eso). Es fácil reconocer las afrentas de esta índole por las frases que
las acompañan, como: “Espero que no te
molestes si soy franco” o “Te lo digo por tu propio bien”. Para colmo de
males, se supone que debemos admirar al crítico por su sinceridad y agradecerle
su interés mientras tratamos de recuperarnos del golpe bajo. Cuando nos
defendemos de los insultos, es fácil quedarnos atrapados en un círculo vicioso
de ataque y contraataque, La gente
criticona tiene mucho resentimiento que descargar. Si ignora lo que realmente
le molesta al crítico, pregúnteselo, pero tenga en cuenta, que no todos los
ataques pueden ir dirigidos a usted, deténgase un momento, (cuente hasta diez)
para descubrir de que va la cosa.
No es fácil hacer frente a los insultos. Una manera de
lograrlo consiste en ser directo. Desarme el comentario negativo con replicas
como esta. ¿Tienes alguna razón por la
que quieras herirme, eres consciente de cómo interpretar este comentario? ¿Qué
quisiste decir con eso, quiero estar seguro de que entendí lo que dijiste?
Es el parapeto en que uno se refugia, cuando alguien trata de zaherirte… esto,
o mostrar indiferencia y aburrimiento. Nunca podremos evitar, por innumerables
razones, ser el blanco de comentarios hirientes. Trate de aceptar ciertas agresiones
verbales como desahogo normal de la frustración
con que todos nos topamos. La mayoría procuramos no insultar a los demás, pero
a veces fallamos. Por ello defiéndase cuando le parezca conveniente hacerlo, pero
considere también la solución del 10%. El diez por ciento de las veces, lo que
usted y yo, acabamos de comprar resulta estar más barato en otra parte. El diez
por ciento de lo que preste le será devuelto en distinto estado.
El diez por ciento de las veces, incluso a su mejor amigo lo
lastime de palabra y lo lamente después. Dicho de otro modo, endurézcase contra
el insulto. Suele ser más fácil suponer que la gente obra de la mejor manera
que puede, y que muchas personas no son conscientes de las consecuencias de su
proceder. Cuenta mucho más estar a la
defensiva, pretender tener siempre la razón y salirse con la suya. Intente
perdonar, y obtendrá a cambio mucho más del diez por ciento.
El mundo está lleno de personas que fincan su valía en rebajar a los demás. Tienen sus bolsas y sus bolsillos repletos de agravios, y los reparten a diestra y siniestra. Niéguese a aceptar los insultos de esos resentidos, aunque se los lancen disfrazados de cariño. Al mostrarse indiferente ante ellos, mitigará la tensión y fortalecerá sus buenas relaciones y su alegría de vivir… ¡¡¡O eso me parece a mí… amigo…!!!.
Fermín
González salamancartvaldia.es blog
taurinerías

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