¡TIENE USTED LA
PALABRA!
En estos momentos delirantes de la política española, donde
cada uno de los políticos, desde su pulpito, en los programas de TV, en las
declaraciones periodísticas, y ante cualquier micrófono que se cruce en su
camino; tenemos que ver y escuchar a cada uno de ellos, les hemos dado la
palabra, nos hemos encargado con nuestros votos de sentarlos en el hemiciclo,
en ese parlamento, en la casa del pueblo soberano, en donde la “palabra”
es la dueña y señora de sus señorías. Y estos políticos en un alarde de
mediocridad,- la han dejado para el “arrastre”-. Y lo peor ha sido jaleada,
aplaudida, (“palabreros: diría un colega
mío”)... ¡Pena!.
Con la palabra, nos relacionamos con los demás, incluso con
nosotros mismos. A través de sus combinaciones podemos encontrar lo que nos une
a otras personas o todo lo que nos separa de ellas. Elegir la palabra adecuada
en cada momento constituye una decisión mucho más importante de lo que pueda
parecer a simple vista. La palabra nos brinda la posibilidad de significar toda
experiencia, desde lo aparentemente banal hasta lo trascendente, y gracias a
ella tomamos conciencia y simbolizamos lo vivido.
Las palabras son puente y camino para conocer y reconocer al ser próximo, descubrir sus
matices, su humanidad. Paradójicamente nos ayudan a tomar distancia, a ganar
perspectiva, a desahogarnos. Nos permiten acercarnos o alejarnos, gestionar
distancias, entregarnos o partir. La palabra es mitad de quien la pronuncia
mitad de quien la escucha dejo escrito (Montaig), nos pertenecen a ambas partes
en dialogo cuando este es sincero, cuando la escucha es atenta, cuando hay
voluntad de encuentro. Y así es como nos hacen sentir, ver y crecer. Algunas
condensan experiencias, sentimientos, nos sorprenden, nos emocionan; con la palabra podemos hacer alquimia
interior; aliviar dolores, lidiar con dudas, rabias, culpas, concluir duelos,
sanar heridas, convencer miedos, soltar yugos, terminar quizá con esclavitudes
interiores, liberar y liberarnos.
Curiosamente a quien
más teme el dictador es al poeta. Por ello el ser humano que pone voz a lo
esencial, desde la desnudez, acostumbra a ser el primero en morir fusilado, en
el paredón, o con un tiro en la espalda. Nada peor para el cínico, el perverso,
o el ególatra quien proclama sin miedo la verdad desnuda. Porque la palabra es
el arma más poderosa, ya que tiene el poder de denunciar, revelar, desnudar,
informar, conmover y convencer. Elegir las palabras adecuadas en cada momento
es un ejercicio de conciencia y responsabilidad. Y puede marcar la diferencia
entre el encuentro o la distancia y la destrucción que nace de la
inconsciencia. Este es su gran poder; sin embrago ya han visto y oído ustedes a
nuestros parlamentarios, a los de antes y a la nueva “hornada” de variada juventud,
y colorido, a todos aquellos que han de usar la palabra, para proponer leyes,
normas, artículos, derechos, funcionamientos, consensos, arbitrajes y formulas
con el fin de conseguir, una convivencia, sana, responsable, adecuada, segura y
libre, para todos los ciudadanos, que son en definitiva en los que hay que
pensar, razonar y decidir, en aquellos que les han nombrado, para salvaguardar
sus intereses, no para estar en su
contra, o ignorarlos una vez que votaron a sus señorías, y estas se acomodaron en sus poltronas. Ahora mismo
estamos en una encrucijada “soberana”. Les
hemos dado la palabra, pero no saben utilizarla, no saben dialogar, no
saben tender puentes, no saben negociar, no saben pensar, en las necesidades
del pueblo, no tienen talento, ni capacidad de gestión, ni ideas ni ingenio… ni
tan siquiera construir entre tanto erudito… un programa de gobierno digno con
la aportación de todos, para dar al menos, satisfacción de haberlo intentado,
de estar dispuestos a construir y ceder en pos de un acuerdo tácito… No señor
ustedes se tiran las palabras a la cara, como pedradas, utilizan la palabra
para escupirse, insultarse, menospreciarse… No se dan cuenta, pero están dando
un espectáculo esperpéntico… lleno de altavoces y cámaras… Un parlamento que se
está convirtiendo en una mala romería montaraz llena de acusaciones e
improperios, más propias de peleas callejeras del siglo pasado. ¿Cómo pueden
hablar así, en nombre del pueblo? Sencillamente: le importamos un “pirulí”,-… es palmario, defienden sus trincheras…-
Volviendo a las palabras:
Hay palabras huecas y otras llenas de sentido. Una misma voz puede, dependiendo de quien la exprese, conmover, generar indignación o provocar repulsión. Las palabras manipuladas como títeres, pueden alejarnos de lo real. Desde el eufemismo hasta el oxímoron pervertido por arte de magia y en rueda de prensa. Construcciones vomitivas, que forman parte de titulares informativos, y acaban diluyéndose en el alquitrán de las infamias asumidas como “lo normal”. ¡…Cuando las palabras se disfrazan de mentira pueden sembrar las semillas de la locura, del odio, de perversión y despropósitos, algunos mortales…!
Fermín
González salamancartvaldia-
(Blog Taurinerias)

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