REFLEXIÓNES
desarrollamos nuestros primeros afectos: creamos vínculos fuertes con algunas personas y paisajes, adquirimos hábitos que nos son gratos y que hasta pueden llegar a sernos indispensables. Por lo general nos sentimos cómodos, y bastaría con que nos viéramos condenados al exilio -como ha sucedido a tantos españoles a lo largo de la historia- para que echáramos desmedidamente en falta esos paisajes y esos hábitos. La mayoría de la gente vive donde vive porque se encontró allí al nacer y se incorporó a lo que ya estaba en marcha. Se instaló naturalmente y ya no se plantea moverse, a no ser que sienta un profundo descontento o aburrimiento, o sea inquieta y quiera hacer lo que antes se llamaba "conocer mundo", o vea que su lugar no es el adecuado para abrirse camino en su profesión.
Sólo comprendo el patriotismo, extrañamente, por la vía
negativa, es decir, hay personas y cosas con las que nada tengo que ver y que,
sin embargo, por ser de mi país, me avergüenzan y logran contaminarme. Los
méritos de otros no me contagian ni me ennoblecen, y en cambio las ignominias
sí me alcanzan. Hay individuos y hechos con los que por nada del mundo querría
que se me asociara. Me avergüenza que mi región la gobierne alguien, que no
tenga ni pizca de capacidad de gestión, que no escuche y gobierne de espaldas a
la ciudadanía etcétera, o sea tan bruto como muchos que tienen
responsabilidades, y se impregnan de corrupción, que se gasta los dineros en majaderías
o fiestas cutres y destruye el sistema educativo, el de justicia o sanitario.
Me avergüenza que tengan poder decisorio algunos “Pontífices”, salvadores de la
Patria, que abundan por comunidades, por las “escuderías” económicas o poderes
mediáticos de mala laya. Que nuestro poder judicial conozca sólo el chalaneo. O
que las calles de mi país estén llenas de vociferantes, bandas de seguidores y
partidistas llenos de odio que sirven de pretexto para la "protección de
los grandes simios" decretada por nuestros congresistas. Me pregunto cómo
se llamará esta afección: la incapacidad de enorgullecerse junto a la capacidad
de avergonzarse por lo ajeno vecino. No es que me consuele, pero estoy
segurísimo de no ser el único español que lo padece. O eso creo yo… vamos.
Fermin
González salamancartvaldia.es blog taurinerías

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