VITORES Y PALMAS AL
MESÍAS
En verdad os digo
que, todos los manifiestos desde los pulpitos, y las tribunas están entremezclando
las arengas que pronuncian los políticos de todos los partidos, con el fin de
hacerse oír de llegar a las masas, que, enfervorizados, agitan las banderolas y
en las pautas, gritan al que consideran su líder, “¡¡¡presidente!!!
presidente!!!presidente! Y me ha venido a la memoria, el gran parecido que
tiene Jesús, que también predicaba por todas las plazas, sinagogas y riveras,
su evangelio. Él también se hacía acompañar por un sequito, de hombres de su
confianza fieles a su discurso, eran los elegidos para repartirse el trabajo de
dispersar su doctrina, y agregar súbditos a la fe, que ellos profesaban y
defendían.
Tal y como ocurre ahora, pero con altavoces, vehículos,
hoteles, buena comida y bebida, y además, no se paran en barras, para
explicarnos su “milagro” y aquellas medidas, que prometen a la ciudadanía, llenas de felicidad, de paz,
de equidad, de justicia, de bienestar etcétera…. Ahora en ese peregrinar, por pueblos y ciudades, donde se
entremezclan, el olor a azahar, incienso, cera y sudor de costaleros, unos con
capirotes y otros con invisible careta, tratan de convencernos y persuadirnos
de que votemos su rosario de propuestas.
¿Pero siguiendo con cualquier parecido, que sin duda es pura
coincidencia?:
Jesús eligió doce discípulos, que fueron sus principales
seguidores. Sus nombres eran Simón, Juan, Santiago el Mayor, Andrés,
Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago el Menor, Simón el Zelote, Judas
Tadeo y Judas Iscariote. De entre ellos Simón fue el
más allegado a Jesús. Éste le puso el sobrenombre de Cefas, "piedra"
o "roca", al parecer como símbolo de que iba a ser su principal apoyo
o fundamento. La palabra "cefas" es masculina en arameo, pero
femenina en latín (petra), de modo que el nuevo nombre de
Simón pasó a ser Petrus en latín, es decir, Pedro. Respecto
al último discípulo, el apelativo "Iscariote", añadido probablemente
para distinguirlo del otro Judas, no significa nada en arameo ni en hebreo,
pero parece ser una deformación de "Sicario". Jesús tuvo la prudencia
de no meterse con Herodes, al contrario que Juan el Bautista, así es que pudo
predicar en paz y poco a poco fue ganándose la confianza y la admiración de
muchos galileos. En ello debió de
influir, sin duda, su gran personalidad, pero no menos la doctrina que
predicaba. Es probable que una muestra representativa de ella sea el sermón de
la montaña:
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas!, porque
sois semejantes a los sepulcros blanqueados, los cuales por fuera parecen
hermosos a los hombres, mas por dentro están llenos de huesos de muertos, y de
todo género de podredumbre. (Mt. XXIII, 27)
Finalmente Jesús cometió un error. Se decidió a entrar en
Jerusalén, y allí su fama le precedía: la multitud lo aclamó como el Mesías. El
suceso fue lo suficientemente destacado como para que los sacerdotes se
atrevieran a prenderlo y llevarlo a Pilato acusado de erigirse en Mesías, rey de los
judíos y traidor a Roma. El castigo que correspondía a tal delito era la
crucifixión, y así la solicitaron los sacerdotes. Al parecer, se encontraron algunos testigos falsos que declararon
contra él. Los evangelios dicen que Jesús reconoció ser el Mesías ante Pilato,
pero, una vez más, esto no es plausible, pues en tal caso habría sido condenado
sin más trámite, mientras que la narración bíblica afirma que Pilato no
consideró razonable tal castigo, y en su lugar lo hizo azotar y lo presentó al
pueblo sugiriendo su indulto. En efecto,
era costumbre que el procurador indultara a un preso cada año por la festividad
de la Pascua, a petición del pueblo. Es probable que Pilato mandara azotar
a Jesús para presentarlo en un estado lastimoso y lograr así que el pueblo se
apiadase de él, pero el efecto fue el contrario: los judíos que unos días antes
habían recibido eufóricos a Jesús como el Mesías se sintieron defraudados ante
un Mesías que, en vez de acabar con todos sus problemas, se dejaba capturar por
los romanos y reducir a tan lamentable estado. La conclusión obvia fue que ése
no era el Mesías, sino un estafador que les había engañado, por lo que
insistieron en que fuera crucificado ante el sorprendido Pilato. Así sucedió.
Jesús fue crucificado al día siguiente, que según los evangelios era
el viernes 7 de abril de 30, el año en que la festividad de la Pascua
cayó en jueves. Nadie podía imaginar entonces las consecuencias que iba a tener
esta crucifixión.
Evidentemente, aquí ahora, entre los “paladines” políticos
no van a aniquilar de aquella forma a sus enemigos o adversarios
políticos,(claro no está permitido usar la violencia, la de “matarile”, porque de la otra, la que sale
a pleno pulmón por boca de no pocos “apóstoles” de los partidos, incluido su
sumo “sacerdote” un aventajado “Mesías”, que trata por todos los medios,
incluidos los bajos instintos y modales, en ser el que lleve a este País
llamado España, a la órbita lunar donde la cordialidad, el hermanamiento, el
entendimiento, la verdad y otros sinfín de etcéteras; será la tierra prometida,
que no cumplida.
Perdonen la irreverencia de la metáfora descrita por este comentarista. Y a todos ellos perdónalos también- no saben lo que dicen. ¡Vamos creo yo!.
Fermín
González salamancartvaldia.es
blog taurinerías

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