LA SANIDAD EN ESTADO
GRAVE
Uno no deja de preguntarse ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
¿Cómo se ha deteriorado tanto esta Sanidad
Pública? ¿Quiénes han sido los gestores?, los encargados, los políticos o
presidentes de cada autonomía. – Todos conocemos- a los que han dejado con la
habitual desidia y abandono aquella Sanidad de la que presumíamos en todos los
foros en los que hablábamos, tanto a nivel provincial nacional e internacional,
que catalogábamos como la mejor del mundo, en todos los niveles, médicos,
asistenciales, operativos etcétera. Pero lo cierto ha sido, que una vez
traspasada la sanidad a las comunidades autónomas, iba llegando el desorden, la
falta de control, la concesión de puestos a dedo y de libre designación, de tal
forma que miles de operarios de cualquier oficio, sanitarios y administrativos,
se colaron con el arte del (ninguneo, la recomendación, familiar y el
amiguismo) en el gran aparato que representa la Seguridad Social. - Y quien venga detrás que arre-
Y, de aquellos polvos, estos lodos. De esta manera, lleva
tiempo resintiéndose el sistema hasta que ahora comienzan a romperse las
costuras del mismo, y se van descubriendo el desbarajuste, el desorden, la
falta de rigor, seriedad, puntualidad y formación, unido a un abuso, que cada
cual, ha exprimido como le dio la real gana… Tocamos fondo ya no da más, y
ahora nos toca volver a salir a la calle a pedir el derecho de la Sanidad
Publica, con la pancarta de: increpar,
exigir, poner orden, organización y atención, a los mismos o parecidos
políticos, que se la cargaron, y destruyeron con su desgana, su abulia, su
incompetencia y su estupidez. Aquella atención médica, que en su día era la
mejor e incomparable. Y ahora con mala solución se comienzan a cometer los
desatinos, las malas decisiones, las chapuzas, el griterío, las huelgas y
despropósitos, que van a pagar; esto sí, está bien claro, y sin remedio los de
siempre: es decir el pueblo, el más humilde sencillo y necesitado,- la clase
baja, que es, la mas vulnerable, la que hace colas insufribles en los
consultorios esperando un diagnóstico, una receta un consejo y un mensaje de
animo esperanzador para su dolencia, o la de algún familiar al que acompaña.
Uno ve algunos reportajes, pisa la calle, se acerca a las
consultas o pone el oído en algunos círculos, o sufres también en tus propias
carnes tanto desatino, e incongruencia que te pides calma, y paciencia ante
tanto descalabro que raya en lo inhumano.
No será extraño por tanto que en no pocas ocasiones, las
personas, consulten al doctor Google, en busca del remedio, o bien pregunten al
vecino o familiar, que tiene que tomar para lo “suyo” se comparan los síntomas
con lo que ponía en una web, se “compra” un autodiagnóstico, y quizá acierte, o
quizá no, y luego pasa lo que pasa. Claro que ante una consulta telefónica, si
está fuera posible, la gente toma el riesgo.
Ahora estamos viendo lo que está sucediendo en Madrid:
urgencias cerradas o sin médico en el centro de salud, urgencias hospitalarias
con varias horas de espera, citas con semanas de retraso, y podríamos añadir
las demoras de meses para un especialista o una cirugía. Solución: doctor
Google, autodiagnóstico, automedicación. O sanidad privada, que bate récords de
usuarios desde la pandemia, y que en Madrid tiene el mayor porcentaje de
ciudadanos con seguro privado, no por casualidad: son ya dos décadas de acoso y
derribo a la sanidad pública. Si en su día fueron a por los hospitales,
entregados en su construcción y gestión a empresas, ahora la diana está en la
atención primaria.
No es solo Madrid, ya
lo sé, no es la única comunidad con listas de espera, atención primaria
desbordada, intentos privatizado. La pandemia saltó las costuras del
sistema entero, pero esa mayor conciencia que supuestamente nos dio el virus,
no se ha traducido en políticas públicas. Hace años presumíamos de tener una de
las mejores sanidades del mundo, ¿recordáis? Hoy en cambio nos consolamos
diciendo que por lo menos aquí no tenemos que pedir un crédito para un
tratamiento, como en Estados Unidos.
Sí, seguimos siendo afortunados, y las trabajadoras y trabajadores de la
sanidad pública siguen salvándonos la vida, pero lo hacen cada vez más al
límite. Y a costa de su propia salud, nada menos.
No es solo Madrid, pero cuidado que Madrid es la avanzadilla
y el laboratorio de lo que acaba llegando a otros territorios. Lo último, los
médicos trasladados ¡en coches de Uber! en mitad de la noche es la mejor imagen
del destrozo actual, y del que está por venir.
Llevamos años repitiendo el lema de “La sanidad pública no se vende, se defiende”. ¿Se defiende? No, no “se defiende” sola, hay que defenderla. Y tampoco podemos esperar que la defiendan sus trabajadores, como si fuese responsabilidad suya. Bastante tienen con defender sus derechos laborales y no salir huyendo a otros países, cuestión que tampoco se está evitando. Los formamos aquí, en nuestras universidades, nos cuesta un taco sacar un médico, y luego por las malas condiciones, la sobrecarga, y la falta de organización y gestión se largan a otro país. ¡Pero que listos somos!… que mala suerte tenemos, que nuestros gobernantes… Lamentable… y repugnante. Y, ahí lo dejo.
Fermín
González salamancartvaldia.es
blog taurinerías

No hay comentarios:
Publicar un comentario