JUEGO DE PALABRAS
Dentro del inagotable carnaval que es esta España nuestra.
Hay cosas que a uno no dejan, si no de sorprenderle, si al menos de llamarle
poderosamente la atención.
Ocurre, con la pretensión de que todo el mundo hable de la
misma manera, lo cual me parece una actitud cuanto menos suicida, dado que el
lenguaje es una vía de información de datos,- la tendencia como veremos-, de
tratar de dulcificarlo es una trampa porque siempre habrá palabras que cambiar.
Si bien es deseable cierta corrección porque nuestras maneras pueden ser
groseras, sería un desastre para la libertad de expresión- (esa que tanto se
predica en estos tiempos), ahora aumenta la tendencia de lo “políticamente correcto”, y
por esta cuestión se ha venido llegando a la censura de las palabras y al
confusionismo burocratizando del habla. Así hablamos entre pasado y presente
que el lisiado, ya no es lisiado, este, paso a tullido y como el vocablo no gusto y
daba cierta grima, se convirtió en inválido,
después en minusválido y, llegamos
finalmente a persona con disfunción
motora. Este ejemplo tan solo es uno entre los que libra su batalla el
lenguaje, con el paso del tiempo hemos tenido que ir adaptando, so pena de que
te envíen a “Galeras” por pronunciar una palabra que pudiera dañar o parecer
despectiva o violenta, ser acusado de machismo, o de cualquier otra vergüenza
más sutil, puesto que hoy la hipocresía tiene innumerables recursos para la
denuncia. Ahora sabemos que el gordo,
ha pasado por varias fases, fuerte,
sanote, bien criado, robusto, con sobrepeso
y obeso. El negro, sea de color, moreno, africano etc. Los desgraciadamente afectados por Síndrome de Down, no fue siempre su
nombre así, y popularmente fue, subnormales, deficientes mentales, o discapacitado
físico. Como pueden observar el periplo lingüístico a que hoy día nos vemos
sometidos hace que nuestra cultura y nuestra normalización del lenguaje, sepa
en todo momento como llamar, dirigirse a las personas o intercambiar
comunicación. (La R.A.E, ya se va haciendo cargo de esto).
Las reglas son tan variables, que incluso en no pocas
ocasiones se olvidan y, uno se pronuncia como pensaba que sería comprendido.
Pero sucede que cada persona ya, es muy especial y sabe en qué términos ha de
dirigirse al mismo, para llamar su atención. La semántica pasa por una gran
cantidad de acepciones, que tienes que estar dispuesto a interpretar, o a
quedarnos en la cuneta de la lingüística, y además condiciona una parte importante
de la convivencia: Inmigrantes, pasan
por ser ilegales, sin papeles o indocumentados. Los Gay, fueron en su pasado
maricas, invertidos, para
adquirir la denominación de homosexuales.
Las transformaciones serian inacabables; y de los más cotidianos subyacen
adaptaciones. Las criadas, dieron el
sí a las asistentes, ahora empleadas de hogar. Los viejos ya no son viejos ni ancianos, tercera edad y nuestros mayores. Los ciegos, de
invidentes, a discapacitados visuales. Los calvos, ya no son alopécicos, y los impotentes, hay que conformarse con disfunción eréctil. Claro que, carcelero
y guardián son ahora funcionarios de prisiones. Y si uno se
adentra en los, en los oficios y especialidades, de carpintero, fontanero, mozo
de almacén, albañil o niñera, es
todo un curso de lo que tenemos que llamar corrección del lenguaje. Y esto es
el truco, porque aumenta el discurso y disimula en muchos casos la verdad,
aquella que el lenguaje siempre propuso; invitar a romper las ataduras de la
corrección, para tener libertad de expresión. Lo cual, no es fácil desacreditar
sin más la corrección política, porque nació del intento legítimo de corregir
un abuso histórico ligado a sectores de población que sufrían desprecios muy
arraigados en el lenguaje. Pero es evidente que en esa lucha hubo cosas que se
han desvirtuado, y han terminado por fiscalizar el lenguaje y el pensamiento.
Fermín González Salamancartvaldia.es blog taurinerías

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