¡HOMBRE RICO, HOMBRE POBRE!
Desde que la humanidad comenzó a dividirse entre ricos y
pobres, el trabajo es considerado como una simple mercancía, una pesada carga
que se soporta buscando un beneficio económico. Unos desheredados venden su
esfuerzo, como otros venden su cuerpo, para poder sobrevivir. Es una condena
que solamente un vuelco de fortuna puede redimir. En ese momento la alegría
sustituye a la tristeza y al conformismo. En
todo caso, el trabajo es el único patrimonio del pobre y, donde se acusa a la
inhumanidad de la industria que ha desprovisto al trabajador de su dignidad.
Sin embargo, a lo largo de mi existencia he podido comprobar
como muchos de aquellos que no eran precisamente ricos, o sea-del montón- entre
los que podías comprobar, como a unos les iba mejor que a otros, pero sin
salirse de esa “legión” de clase media baja, que decían por entonces los
eruditos en la materia, y quienes te rellenaban los panfletos, de colegios,
bancos, o ventanillas para echar la solicitud pertinente, en busca de alguna
ventaja publicada entre la propaganda y el boletín de la ciudad. También se conocían a estos núcleos de población, que
moraban precisamente en los barrios, como-pobres pero honrados-, es decir de
aquellos que pagaban siempre sus deudas contraídas, no consintiendo que nadie,
les pudiera señalar como “mangantes”, y llenos de trampas.
Cuando uno es pobre como los que acabo de reseñar, entre los
que me incluyo, pero se siente rico, jamás
podrá llegar a ser miserable ni marginal. Aunque parezca raro, la
marginalidad no siempre está asociada a no tener dinero, es simplemente un
fenómeno detestable que se lleva más en el cerebro que en el bolsillo. Conozco
colegas pobres que a punta de talento, optimismo y curiosidad por la vida, son
más millonarios que Amancio Ortega o Florentino, presidente del Madrid por
poner algún ejemplo de todos conocidos.
La buena vida está sobre todo llena de la energía que
produce el amor por las cosas sencillas, pero hermosas. Para ser millonario
siendo pobre, sólo debemos pensar que dentro de nosotros vive un gigante capaz
de hacer todo lo que nos proponemos. Si acaso no logra conseguirlo todo de un
tiro, no importa, haga todos los días un pedacito de ese todo que usted quiere
lograr. Siéntase grande y poderoso ante cualquier circunstancia por más adversa
que ésta sea y aunque suene como un consejo esotérico, no olvide que lo más
difícil, qué era nacer, ya lo logró; lo demás es totalmente gratis, tanto como
lo es ser inmensamente rico siendo relativamente pobre, no teniendo dinero,
para diseñar el modus vivendi, que a usted le gustaría diseñar para vivir la
vida con soltura. Pero no se preocupe, para todo hay receta:
“Es muy fácil ser millonario”, por ejemplo: cuando vaya a
comer, asúmalo con elegancia, sirva su plato (sin importar lo humilde que éste
sea) con cariño, y póngalo bonito sobre una mesa que tenga un mantelito bien
limpio. Use cubiertos relucientes, coloque un delicioso vaso con colores
excitantes y llénelos de frutas frescas y jugosas. Recoja de la calle o
arranque de su macetero una o dos flores y colóquelas en el centro de su mesa,
comparta su comida por más poquita cosa que sea con la persona que usted más
ame, sonriendo y mirándola a los ojos, levante su vaso y diga: “Por nosotros” "Buen
provecho",.
Si va a salir de
casa, piense en lo afortunado que es al tener amigos tan simpáticos, no importa
que eso sea embuste, lo importante es que usted pueda sentir que ellos son
simpáticos. No vea el basurero ni los huecos que están en la calle, fíjese más
bien en la cantidad de hermosos y frondosos árboles que hay a su alrededor y en
los felices niños que juegan junto a ellos.
¡No sea tacaño,
amigo! Eso es muy feo, mientras más tacaño se es, más pobres y miserables vamos
a ser, así que exagere regalando. Seguramente, aun haciéndolo, estará dando poco.
Toda desgracia es
pasajera, no se entierre en la realidad adversa ni en las cosas que son o
parecen malas en la vida. Odie la
pobreza, enséñese a sí mismo y a los demás, a ser ricos de verdad. Desconfíe de
quienes valiéndose de aquellos que creen ser pobres, se exhiben como un general
de causas miserables de dominio. Basta ya de exaltar la pobreza como una
virtud, ya que eso sólo sirve para que la gente no se dé cuenta de lo
inmensamente rica que puede ser… ¡Bueno son fórmulas de vida! Lo cierto es que no hace falta tener una fortuna
para optar a una vida que bien puede estar llena de completa armonía, concordia
y alegría. Creo que es, el arte de
vivir, un arte que muchos envidian, incluso con fortuna de por medio.
Sigo pensando, que los ricos deben tener un alma muy sólida, para resistir firmemente el placer que se experimenta en dar.
Fermín
González salamancartvaldia.es
blog taurinerias.-

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