EL TRISTE VUELO DE LA GAVIOTA
El poder es la peor enfermedad. Incurable. Lo devora todo,
empezando por los principios, - esos de los que hacen gala los políticos-, y,
sin embargo, vemos a diario como carecen de ellos. Después, de la exigua
victoria del PP en estas tierras de Castilla, las pasadas elecciones, se
comenzó a remover en el partido una marejada, que como bien saben ustedes,
termino en un maremoto que azoto con dureza la estabilidad del barco “pepero”,
dejándolo momentáneamente a punto de zozobrar, al pairo y sin timonel.
Pablo e Isabel,
jóvenes mitineros del partido, se han enzarzado en una reyerta grotesca, donde
han salido a relucir los celos, las traiciones, los bulos, las declaraciones
abruptas, incluso la familia, todo adobado con su tanto %, como no – “el
maldito parné”, que impera en la corrupción, de los partidos políticos, donde
el favoritismo, la falta de escrúpulos y amiguismo están por en medio.
Desgraciadamente una vez más, la clase política, tiene que acudir a la justicia
a buscar la falta de transparencia, la legalidad y la razón que, desde el
entramado de las instituciones con sus órdenes, decretos, consejeros, asesores,
vividores, chivatos, correveidiles, chaqueteros, personajes varios, e ingenierías
jurídicas, tiene como resultado que la ciudadanía no se entere de que va la
“copla”. Y solo sale a gritar, cuando acontecimientos como el vivido estos
últimos días tienen lugar.
No seré yo, quien se
sienta cómodo con todo este bochornoso, patético y deleznable vodevil, de
opereta con trampa y cartón que han dirimido estos jóvenes políticos mediocres,
de medio pelo, que aspiraban a gobernar y presidir este país, esta España, la
cuestión es lamentable, vergonzosa y repugnante, ante la falta de ética y
estética, que en presencia publica han entrado en conflicto, donde se ha notado
una codicia, un ansia de poder, una desmedida ambición, así como una obsesión
por destruir y ganar el relato de tu adversario aun con el mismo marchamo
político, en este caso. Lo cierto es que
no me hace ninguna gracia, la imagen que venimos dando de cara al exterior,
damos la impresión de una España desunida, barata, desengañada, con un infame
pueril y desorbitado griterío, poniendo
en duda si esta democracia que venimos manteniendo está en vigor después de
conquistarla, o ya hemos tocado fondo, dando la impresión que tras estos
cuarenta años, de transitar por la misma, tuviéramos que enfrentarnos de nuevo
y volver a las andadas de la violencia y los garrotazos, para imponer paz,
sosiego y buenas formas en todos los foros, donde intervengamos, creo que nos
equivocamos en las formas y maneras al defender nuestras causas, nuestras ideologías,
nuestra tierra o nuestros derechos. Por
ello cuando aparecen estas escenas, estas incertidumbres, estos egoísmos, y
victimismos de los que se nutren nuestros políticos, nosotros olvidamos que los
hemos votado, y ellos se olvidan antes, de que se deben a la ciudadanía, que
son los elegidos por el pueblo, que les ha dado el prestigio, y el honor de que
nos puedan representar, no para hacer esto que hacen, sin la vergüenza, sin el
sentido común y responsabilidad para gestionar y defender los recursos, actuar
con libertad, principios, entusiasmo, eficacia transparencia, lucidez
democrática, justicia, y con las manos limpias, muy limpias para poder mirar a
la cara a su pueblo, a sus amigos, y a su familia. Total, debe ser la
ejemplaridad, para no tener que arrastrar esta mochila, de la corrupción, de la
fanfarria, del esperpento de caer bajo mínimos ante la opinión de los
ciudadanos, haciendo malabarismos con un cinismo sin límites.
Gobernar no es fácil, implica responsabilidad, medir las consecuencias de las decisiones antes de tomarlas, -claro que si- responsabilidad, libremente contraída, otorgada con la confianza de los votantes, cada cual, con su forma de pensar, su forma de concebir la vida, la justicia, la cultura la familia etcétera. Eso implica poner todo el conocimiento, la capacidad de gestión, el ingenio y la comunicación suficiente, para pensar, razonar y decidir, que se gobierna a personas para quienes lo humano, lo justo, lo espontaneo y emocional tiene un valor añadido. Un político no puede ser moldeado a imagen y conveniencia de un sistema, menos si este se encuentra en franca desidia y dejadez. ¡Vamos a ver si aprendemos de una puñetera vez… ya está bien de tanto mamarracho engolado…! ¡ya está bien. Vaya serial de despropósitos, de insultos montaraces y tabernarios desde sus tribunas, hagan examen de conciencia, autocritica y quieran un poco más a su pueblo, a sus ciudadanos a sus votantes… ¡Si, también a los que vivimos en los barrios!... Ya está bien… Tío- O NO.
Fermín
González salamancartvaldia.es blog taurinerías
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