ENTRE PUENTES
CUESTIÓN DE RESPETO
Son multitud de ocasiones: En las cuales podemos ver y oír
tanto en tertulias, programas de radio,
prensa y TV. Que, se emplea una palabra, que todos exigimos, agarrándonos a
ella, y sin perder ocasión alguna para reclamarla, con el firme deseo, y en
demanda de que se nos tenga en cuenta; me refiero al respeto.
Se ha comentado que la regla de oro consiste en respetar la
opinión ajena. Respetar a los demás, ciertamente resulta de suma importancia,
es un buen principio ¿quién no desea respecto a sus opiniones? Es lo mínimo que
se puede pedir, pero tenerlo como una regla de oro, resulta algo pobre. Una
verdadera regla de oro, es la formulada por Confucio. ¿No hagas con los demás lo que no quieras que hagan
contigo?, incluso para los creyentes, mejor aún lo dejo expresado Jesucristo: ¿tratad a los hombres de la
manera en que vosotros queréis ser de ellos tratados? Estas dos son las más
conocidas, evidentemente por su contenido y extensión, sin embargo, sería
aceptable incluir como regla de oro el respeto a la opinión ajena.
Por un lado, es evidente que hay que respetar la opinión
ajena, ¿quién no está dispuesto a defender el respeto por las ideas? En las propias
ideas de alguna manera está involucrada la persona, pues se trata de algo muy
propio, que se hace suyo: la propia opinión.
Se respeta
absolutamente a la persona que emite la opinión, que expresa su idea, pero en
esta cabe el dialogo amigable, el razonamiento distinto, hasta la moderada
discusión. El respeto es imprescindible para el dialogo, sin embargo, ¿qué se
entiende por respeto? Porque actualmente se invoca el respeto a las propias
ideas, pero ese respeto lleva un significado raro, tiene la connotación de
acatamiento, de renuncia a las propias convicciones. Esto es, se pide respeto
para que se permita la opción planteada.- Es un respétame-que significa, no
impidas que las cosas sean como yo las quiero.
En la práctica las opiniones expresan ideas, las ideas
manifiestan una forma de ver la realidad, y esa forma de ver la realidad puede
ser distinta entre unas personas y otras, de hecho es algo muy común; pero
también puede estar o no en conformidad con la verdad y la verdad lo está con
el bien. El respeto siempre se debe
guardar. Todos tenemos derecho a que se nos respete nuestra persona y nuestras
ideas, pero este no implica la necesidad de ceder en las propias.
No se debe confundir respeto y tolerancia. La expresión de
opiniones no es objeto de tolerancia, es un verdadero derecho, por qué: Por
nuestras propias limitaciones, por la naturaleza social de la persona; por la
riqueza y complejidad de la verdad en sus distintos aspectos; por la
complicación de las ideas y la forma de expresarse. El respeto a la opinión ajena es la condición necesaria del dialogo
autentico y por tanto de la tolerancia.
Las ideas se pueden
compartir o no. Se puede discutir acerca de ellas y, por supuesto, no estar
de acuerdo. Pero un primer paso es:
respetarlas y escucharlas, tratando de entenderlas. Por otra parte, no hay
una única solución para las cuestiones temporales, por eso también se han de respetar
las posturas de los demás. Cuando se tolera no se está de acuerdo con la idea
contraria, se respeta, como debe ser, y hasta se permite, porque en ese determinado
caso, de no hacerlo así, se prevé un mal mayor, o que deje de producirse un
bien mejor.
Es, pues, conveniente abogar por que se respeten siempre las
ideas sin que se por ello deban de imponerse, sino conducirse por la línea del
dialogo razonado. Y continuar con las reglas de oro reconocidas que van mucho
más allá del respeto a las propias ideas, pues se basan en algo más valioso que
ha de ser custodiado, la persona: “No hagas con los demás lo que no quieras que
hagan contigo” tratad a los hombres de
la manera en que vosotros queréis ser de ellos tratados?
Pero que sucede con los intolerantes. ¿Muestran la falta de
respeto por las ideas de los demás, y, peor aún, por su persona. Acuden a la
ridiculización de la postura contraria, exageraciones grotescas, a vociferar y toda clase de argumentos contra el otro.
Crean un ambiente de miedo, pero definitivamente si de algo carecen es del más
elemental respeto a la opinión ajena. La
palabra en forma de gritos bloquea el proceso de comunicación. Son ruidos que obstruyen el mensaje; entre
ellos están los estereotipos, los prejuicios y las malas interpretaciones.
Hay personas que no toleran que los demás piensen de
distinta manera que ellos. Existe el gusto de presumir de tolerante, pero lo
que es claro es que no todo el mundo lo es. Hace falta una gran convicción del
respeto que se debe tener de unos por otros. Y la intolerancia ha cubierto de sangre la tierra y sigue causando victimas
allá donde pensar de modo diverso al oficial o al de la mayoría es censurado de
modo violento.
Ahora bien, el trabajo en los medios de comunicación muchas
veces exige comentar, positiva o negativamente, las actuaciones y posturas de
los demás, incluso en materias opinables. En ese caso, es necesario esmerarse
en la prudencia y la justicia al juzgar. También al referirse a personas de
conducta escandalosa.
Y en cualquier caso, se ha de defender la verdad, sin herir. La fe en la verdad es lo que disuade de imponerla por la fuerza. La verdad se impone por sí misma. O eso creo yo… claro.
Fermín
González salamancartvaldia.es
blog taurinerías

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