ENTRE PUENTES
UN DIA CUALQUIERA
A veces en nuestras caminatas, entre personas mayores, se
recuerdan las vivencias, de cada uno de nosotros, aludiendo casi siempre a la
anécdota, a las alegrías, a las penas, a la familia, a los padres y madres que
ya se fueron, y también al recuerdo de algunos amigos de jaranas, de juegos,
del trabajo, a veces se discute
acaloradamente, con el fin de mantener tu cuota de razón, sin un sólido
argumento, pero se aliña y se entremezclan con algunas hazañas, exageraciones, y puntos de vista; en las que
se echan a veces en falta, alguna disciplina y afición que aún tenemos el honor
de conservar. Yo pienso y- seguramente me equivoque- que según sea el estado de
ánimo, así nos luce luego el debate.
Y un día cualquiera, se entablo la situación de los
colegios, de la educación de nuestros tiempos, de la que hoy reciben nuestros
nietos, de las tecnologías que nos invaden, y del comportamiento visceral,
desentendido y egoísta que hoy mantienen mucha parte de esa juventud, que nos
debería relevar, de la difícil tarea de padres, de esa libertad apresurada, y a
veces incontrolable etcétera. Y ciertamente la cuestión siempre se torna complicada
y difícil en muchos de los términos, en los que esta se presenta:
Este proceso comenzó en el campo de la enseñanza por la
imposición de nuevas normas reflejadas en la supresión de la coeducación, de
modo que, de aquellos colegios restringidos de muchas materias, pero amplios en
la disciplina, el miedo más que del respeto al profesorado y al entorno
familiar, evidentemente todo era hermético, áspero y algunas ocasiones
violento. El colegio, nuestros colegios
eran un férreo aprendizaje, en los momentos y tiempos que vivíamos, y el
contraste de lo que ahora se reproduce ante nuestros ojos. Veníamos de una
inacabable posguerra, y la renovación inmediata se debía contar con centros
escolares segregados, –es decir, unos para los niños, y otros para las niñas–;
además: como ha señalado algún erudito en la materia, la educación dejó de
concebirse como un servicio público para entenderse como un derecho individual
a elegir educadores, lo que en la práctica se sustanciaba con una política de
apoyo a los centros de la Iglesia». El
volver a definir claramente los papeles asignados a la mujer y al hombre se
perfiló como una de las principales tareas del gobierno. El franquismo restauró
el modelo de la familia tradicional, patrón según el cual a ella le
correspondía ser ama de casa, porque debía solo aspirar a actuar como madre y
esposa ejemplar cuidadora de la familia, en reconocimiento y aceptación de su
posición subordinada respecto al marido. El varón, por su parte, era percibido
como el principal proveedor de la familia, como su miembro más significativo,
«el que tiene las riendas en sus manos», y por ello debía asumir la
responsabilidad por los demás, y tomar decisiones importantes. Los novios
podían desarrollar su vida íntima tan solo después de contraer matrimonio, ya
que las relaciones prematrimoniales se tenían por inmorales y se anexaban al
pecado. La institución del matrimonio establecía, por eso, un vínculo firme,
sagrado e indisoluble, de ahí que no se admitiese el divorcio. La honra
femenina por un lado y la virilidad masculina por otro, significan pilares
elementales sostenedores de las relaciones de pareja. A este respecto,
entraña gran importancia algo que quizá podemos relacionar con el principio de
«vigilancia colectiva», fenómeno que se da en todos los sistemas totalitarios o
antidemocráticos, y que tiene un enorme impacto en la vida privada de la gente,
como en el caso de la posguerra en España. En virtud de este criterio se puede
sostener que en la sociedad española de aquel momento pesaba enormemente la
opinión pública, «el qué dirán», al que se subordinaba el comportamiento de
todos, conforme con un esquema del mundo bipolar que contrapone las conductas
repudiables a las respetables.
Por eso cuando mis compañeros de caminata y servidor, ven a escolares, insubordinados, profesores que a duras penas dominan la situación, hijos, nietos o familias separadas, divorcios y otras formas de establecerse y concebirse las familias, son los momentos, delicados, donde se bifurcan los caminos, y donde asoman los razonamientos más individuales y peregrinos, para que finalmente después de despacharse… cada cual se ira rumiando que:- mañana será otro día-. Y, ya lo dejo… Vale…
Fermín González salamancartvaldia.es blog taurinerías

No hay comentarios:
Publicar un comentario