ENTRE PUENTES
LA GUERRA INFINITA Y EL TREMENDISMO VERBAL
La Guerra Civil se yergue como un acontecimiento que, sin
duda, ha marcado a los españoles más que cualquier otro evento de la historia
moderna del país. Sus reminiscencias contribuyen a obstaculizar que se cierren,
de una y buena vez, las heridas sufridas hace más de ochenta años, de manera
que éstas fácilmente y con frecuencia vuelven a abrirse para renovar el dolor
nunca superado del todo. Para un extranjero resulta sorprendente –algunas veces
incluso incomprensible– el descubrir que, después de haber pasado tanto tiempo,
los nefastos años de la contienda siguen conformando un tema muy actual, de un
extraordinario peso e importancia crucial, incluso en el caso de las
generaciones posteriores, para quienes la guerra ya no encarna una experiencia
personal inmediata ni tampoco directa. Como acertadamente se apunta
: «La guerra civil proyecta una larga sombra
sobre el presente e incluso sobre el futuro». En cierto modo se puede decir que, efectivamente,
la guerra española, a pesar del paso del tiempo, sigue siendo una herida que no
logra cicatrizarse por completo. Así, siempre que se toca la cuestión el
litigio vuelve a inflamarse y a supurar con facilidad, y, por consiguiente, su
existencia se hace evidente mediante espasmos molestos. Al parecer, la
inquietante percepción de la imposibilidad de cerrar de manera aceptable este
sangriento capítulo de la historia está fuertemente arraigada en la conciencia
de los españoles. La Guerra Civil se ha convertido en una pesadilla colectiva,
en una referencia común traumatizante y dolorosa, cuya sombra, fatal y tétrica,
se cierne sobre todos sin diferencias. Solo así, quizás, se explica el
incesante y creciente interés por esta problemática. Una problemática, en la
que se discute con dureza, con aspereza, con cierta rabia y con un odio, que se
marca en el rictus y en las expresiones, más agresivas, que uno pueda concebir.
Todo por una falta de comprender, de saber, y razonar, sobre unos
acontecimientos donde aún se ponen en duda, que aquella incruenta, lacerante
y
negra historia de España, nos haya
tenido más de cuarenta años, alejados, de la democracia, y de otros países, que
también pasaron por la total destrucción, y han superado, con respeto,
conocimiento, formas de rigor y educadas estos periodos de desastre, guerra y
muerte.
Por el contrario, nosotros no fuimos capaces de liberarnos
del rencor, de la venganza, del miedo, y de la incertidumbre, no hemos sabido
cerrar aquel episodio, y cuando se intentó buscar otros veneros, no hubo más
que hipocresía, mentiras de las que no quedaba más remedio, que disimularlas.
Por ello en cuanto hoy en día se presenta la menor ocasión, incluso desde el
estrado del hemiciclo, se trata imponer con descaro grotesco, gritos,
insultos, bajeza acompañando todo ello
con inusitado tremendismo verbal, que pone por delante la idea de convertir al
adversario político en enemigo y si puede ser eliminarlo. Cuando la defensa se
confunde con la anulación política y moral de la mitad de los miembros que
representan a los ciudadanos, se está al borde de la hecatombe.
Me preocupa y mucho, el origen de tanta dureza, de tantas
palabras hirientes algunas veces a gritos, que se hacen oír hasta fuera de la Cámara,
y sobre todo me produce una tristeza enorme, cuando se alude al recuerdo de
nuestra guerra, y está otra guerra de los demás. Así se comprenden ciertas
actuaciones y el asco que produce este rebote.” No puede ser almibarado, quien solo sabe de la miel que le untaron
para que le devoren las moscas”. Ustedes no se dan cuenta: del estilo tremendo,
brutal, violento lleno de odio y rencor que desprenden, para que los suyos
aplaudan la crudeza, morbosa y repulsiva arenga con la que nos ha despachado.
Donde está el juicio, donde la oratoria, donde el temple, donde la fina ironía,
donde el conocimiento, donde el detalle, donde la elegancia, donde el juego
limpio… donde… donde… donde… la nueva realidad política, sociocultural y el
sentido común…Aquí lo dejo Señorías… No me han
demostrado nada… Bueno se aceptan excepciones… Tú.
Fermín
González salamancartvaldia.es blog
taurinerías
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