ENTRE PUENTES
NUESTRAS PRODIGIOSAS
MANOS
Llevamos unos meses, ¡y los que nos queden!, en que le
dedicamos a las manos un trato
especial, y además todos los “gurús” dedicados a la medicina, a la prevención y
a la política etc. nos vienen advirtiendo de esta acuciante necesidad, (lávense las manos, sepárense, tápense boca
y nariz) entre otras, estar prevenidos contra este virus, enviado por el
mismísimo “satanás”, y que nos ha traído y nos trae envueltos en una nube de
angustia y temor.
La mano humana supera a todas las maravillas de la
tecnología moderna. Los primeros primates que fueron dotados de pulgares
oponibles tuvieron manos que podían construir armas para cazar. Cuando la
inteligencia humana se puso a la par de las manos hábiles, el género entero
inició el ascenso histórico, que lo llevaría a la luna.
“Contemplad las
manos”, señalo Montaigne: “como prometen, invocan, ruegan, suplican, amenazan,
oran, rehúsan, llaman, interrogan, admiran, confiesan, adulan, instruyen, ordenan,
ridiculizan, bendicen, curan, protegen, sujetan, ¡qué se yo!. Además, todo esto con una
variación y multiplicaciones de la variación que son envidia de la lengua… “Y,
ahora también limpias, muy limpias”…
La gente no solo puntualiza y adorna el habla con
movimientos de las manos, sino que en una crisis, posiblemente las utilice en
lugar de las palabras, tal como ocurre hoy día al traducir las alocuciones y
discursos televisivos, al colectivo sordomudo. Las manos hablan un idioma
universal. Los pueblos aborígenes de Norteamérica superaron sus barreras lingüísticas
tribales mediante un complicado lenguaje por señas; también hoy día, los
modernos viajeros en tierras extrañas usan las manos de manera muy parecida a
solicitar instrucciones.
El dorso no reviste particular interés, pero el anverso es
sorprendente. No existen dos manos iguales, ni siquiera las de la misma
persona. Las líneas de la palma y las espirales de la yema de los dedos son tan
distintivas, que durante siglos se han empleado con propósitos de
identificación personal. Los rebordes de nuestros dedos, como los surcos de un
neumático sirven para aferrase mejor a cualquier superficie. (Aristóteles creía
que las líneas de la palma predecían la longevidad). La quiromancia, a la que
su teoría favorece, lo antecede. Ya en el año 3000 a, de C, los místicos chinos
leían la palma de la mano como un mapa de carreteras. Desde entonces, los
partidarios de este tipo de adivinación han venido estudiando la “línea del
destino”, que apunta al largo dedo medio o cordial, y la “línea de la vida” o
pliegue tenar, logrando diversos grados de precisión profética. No digamos: si
la efectúan mujeres de etnia gitana, muy proclives a los gafes, hechicerías y
adivinaciones. La “buenaventura” dirían es su lenguaje calo, con el fin de
sacarse unos dineros, a veces eran coincidente con el hecho ocurrido, y la cosa
se ponía alegre o seria, según fuera el oráculo precedido.
Como la palma de la mano es vital para la supervivencia,
está dotada, al igual que la planta de los pies, de abundantes nervios
especializados, los cuales envían señales de dolor agudo al cerebro cada vez
que la seguridad de superficie se ve amenazada por el fuego, o por objetos
punzocortantes. Nuestras manos son
testigos de infinidad de situaciones, con ellas expresamos inmensas alegrías,
también profundas tristezas, nuestras palmas poseen una gran concentración de
glándulas sudoríparas, que se contraen en el clima frio y se dilatan cuando hay
fiebre, calor excesivo o miedo. No obstante, su piel es más seca que la de
otras partes del cuerpo, porque no es deseable que resulten resbaladizas.
Se han hecho cientos de intentos por clasificar las manos
según su forma, sin conseguir resultados sólidos. Los quirománticos, son
personas con mucha imaginación, suelen insistir en que las manos reflejan
personalidad, sostienen que cierta forma clasificada como “elemental” se asocia
con personas que son rudas y atléticas; la forma clasificada de “motriz” denota
inteligencia, la “sensitiva” que la persona es soñadora; y la “psíquica”
corresponde a quienes son perceptivos. Sin embargo el pianista Rubinstein tenía manos de laborar en el
campo.
También desempeñan las manos un papel importante en las curaciones. Las manos reconfortan a los enfermos y parecen alentar el dolor. En todo el mundo, la gente coloca inmediatamente las manos sobre cualquier herida que sufre. Este tiempo de inquietud, de desgarro, de muerte, de enfermedad y de incertidumbre ha sido en tiempo de las manos, de las que estuvieron y las que se añoraron, las manos que en los duros momentos vividos, no han podido mitigar el dolor y la despedida del ser querido. Nuestras manos, las manos maltratadas, de la generación, que abuso de ellas encalleciéndose, endureciéndose, agrietándose, y deformándose, marcados sus dedos, manos donde algunas no contaban los diez dedos, manos que degeneraban con el intenso uso de los dedos, manos que al envejecer la destreza manual disminuye y desaparece la grasa, resaltándose los huesos y las venas. Perdamos unos minutos al día en observar nuestras manos, para sentir su prodigio, su mensaje, su valor y su comunicación. Realmente sublimes…. Verdad tú…
Fermín
González salamancartvaldia.es blog taurinerías

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