ENTRE PUENTES
COMPROMISO
Sí dedicáramos tiempo y energía al círculo de influencia de
nuestra vida, siendo proactivos en temas que podemos cambiar, éste sería cada
vez mayor, se reduciría el círculo de preocupación y seriamos más felices y
eficaces. Centrarnos en lo que podemos hacer es la única posibilidad que
tenemos para actuar sobre el entorno. Cada uno de nosotros es un centro de
energía a partir del cual puede ayudar a cambiar muchas cosas. No podemos evitar la incertidumbre que
nos rodea, pero sí amortiguar la que influye en los demás y disminuir la que
producimos nosotros. Cuando cambiamos, cambia también nuestro entorno y se
genera aire puro, incluso, en medio de la más dura contaminación.
Con nuestros roles como ciudadanos y consumidores generamos
derechos y también obligaciones. A veces perdemos de vista el hecho de que
podemos influir en la sociedad: Con nuestro voto a un partido u otro; a través
de las marcas y en las tiendas en las que compramos; en las series de películas que vemos; en la
prensa, libros y revistas que leemos etc. Tenemos a nuestro alcance muchos
medios en la que manifestarnos: la cultura, la formación, internet, la
facilidad para viajar etc.
Todo esto se refiere
a nuestra responsabilidad, a los derechos y deberes que tenemos como
ciudadanos globales. La participación activa en asuntos públicos exige estar al
día, buscar información rigurosa, reflexionar y tener criterio para opinar y
actuar. También es parte de esta responsabilidad acudir a las urnas cuando se
nos convoca, utilizar los instrumentos constitucionales para denunciar malas prácticas,
y tomar decisiones responsables y justas en materia de consumo.
No se agota el rol político en el hecho de ir a votar cuando
se requiera. Incluye participar, formarse criterio propio y opinar sobre los
asuntos públicos de nuestra sociedad y del mundo. Lo mismo ocurre en el plano
económico. Como productores y consumidores de bienes y servicios, tenemos una
responsabilidad respecto a qué consumir y a ser económicamente productivos,
también en el plano social tenemos influencia en nuestro entorno, contribuimos
a humanizar o deshumanizar nuestra sociedad.
Sí olvidamos la
dimensión social, nuestra visión quedará incompleta y acabaremos encerrados en
un microcosmos. El desarrollo de nuestra personalidad debe tener impacto en la
familia, en la empresa y por supuesto en la sociedad.
El ser humano, (aunque muchas veces no lo parezca) además de
social y gregario, es también un ser histórico. Esto hace que la misión social
se deba contemplar en el tiempo: somos receptores de una herencia que hemos de
enriquecer y transmitir a futuras generaciones. Nuestra responsabilidad social
no se agota en una acción esporádica,
sino que incluye la creación y el fomento de las relaciones estables y
duraderas, la dedicación a la familia y las buenas relaciones de comunidad.
Para lograrlo, es imprescindible priorizar y seleccionar aquellos ámbitos en
los que, por las circunstancias, nuestra aportación puede resultar
especialmente valiosa. Así conseguiremos ser células sanas y activas en la
mejora de nuestra sociedad.
Nos quejamos cotidianamente de lo mal que está todo, pero no nos interesan los asuntos públicos: no votamos, no participamos, en la vida de la comunidad… Eso sí, estamos a atentos a ejercitar la crítica más despiadada, a sacar cualquier subvención, ventaja o descuento que nos pueda beneficiar. Otra vinculación más intrínseca, se establece cuando principalmente buscamos pasarlo bien, o cuando participamos para sentirnos mejor: Por ejemplo, cuando realizamos determinada acción social. Hacemos voluntariado con el único fin de sentirnos mejor y aceptar el compromiso que se requiere. Cierto es que no son pocas las movilizaciones, vecinales, las asociaciones, agrupaciones y voluntariados, con un estímulo social, y solidario donde el compromiso y la actitud sin mercantilismo, va tomando cuerpo.
Fermín
González salamancartvaldia.es blog taurinerías

No hay comentarios:
Publicar un comentario