LEGÍTIMO, ÉTICO Y
HONRADO
-Cuando a un
político, banquero, corredor de bolsa, empresas de construcción, de consultoría,
y otras de negocios, donde la base fundamental, son las transacciones y manejos
de capitales, donde se habla de cifras astronómicas- o al menos lo son para cualquier
mortal. -Cuando se descubre o se detiene a alguno de estos individuos por los
negocios turbios, se plantean dilemas imprevistos, surgen voces, discusiones,
griterío periodístico, político, jurídico, social etc., que hacen
interpretaciones de toda índole y condición, donde casi siempre se termina
discutiendo sobre lo que para unos es legítimo, y para otros no es ético, y no sé
cómo se pueden resolver estas cuestiones, donde la moralidad, la codicia, el
egoísmo, el abuso, lo ético y lo estético, no terminan de distinguirse de
manera clara y precisa. Lo hemos visto, oído y seguido en unos cuantos de
procesos, - que no hará falta nombrar aquí-. Pero lo peor, es que seguiremos en
ese trance, mientras el eufemismo de : - La justicia es igual para todos, puede
ser que lo sea, pero no para los encargados de aplicarla.
Lo que se deduce y parece cierto, es que muchos o todos, de
los enganchados en estos tumultuosos casos, donde el procurarse una buena valija de dinero, el evadir los
impuestos, y pegarse la gran vida para él y su generación, ha sido la impronta,
que ha removido sus conciencias, donde la poca vergüenza y la ausencia de
ética, han sido su modus vivendi. Evidentemente hay casos prácticos de ética,
que se pueden estudiar o al menos reflexionar sobre ellos. Este tiempo de
confinamiento observado el panorama hospitalario, la pérdida de empleo, los
comedores de gentes vapuleadas, la necesidad de ayuda etc., ha puesto a prueba
la razón de la necesidad. ¿Es correcto que un menesteroso robe medicamentos
para curar a su esposa? ¿A quién se debería beneficiar con un respirador, o con
el único corazón disponible, a la madre de tres niños o a un científico?...
Quien se pronuncia con estas distinciones de índole moral, es capaz de
reconocer y rechazar un negocio cuestionable, o la indecente solicitud de un
superior. Por desgracia esta conclusión se basa en un equívoco en cuanto que
hace buenas a las personas. La conducta recta es el resultado de un
adiestramiento, no de una reflexión. Como insistiera Aristóteles hace milenios (un adulto bueno
antes fue un niño bueno a quien se habituó a actuar con rectitud). Los elogios
por decir la verdad y los castigos por mentir harán que sea, con el tiempo,
“naturalmente” honrado. Es decir las
personas honradas no tienen que pensar cómo responder cuando están bajo
juramento. Y esa es la madre del cordero, porque muchos de aquellos que hoy se
encuentran envueltos en interminables juicios y procesos no exentos de
ingeniería jurídica, habían prestado juramento además, en público y eso es la
etiqueta, el marchamo, para ser una persona ética, honrada sincera y legitima.
Son preguntas interesantes y difíciles de contestar, pero no
es probable que la mayoría de las personas deba encontrarles respuesta. Menos
desconcertantes, pero de mayor importancia, en conjunto, para el carácter de la
sociedad, son los pequeños retos de cada día, como decidir si se debe compartir
alguna suma inesperada de dinero con una institución de beneficencia, o irse de compras.
La honradez, el trabajo y el respeto a los demás – no una
serie de posiciones sobre cómo alcanzar ciertas metas sociales- forman el núcleo
que estabiliza al individuo en su viaje por la vida. Un alto responsable de
cualquier entramado más o menos importante, no puede ni debe contaminarse. Y
debe denunciar la corrupción. Distinguir lo correcto de lo incorrecto en la
vida diaria no es tan difícil; lo que si resulta arduo es vencer la pereza y la
cobardía para hacer lo que sabemos perfectamente bien que debemos hacer…. Vamos
que aplicando el sentido común, nos despejara muchas dudas y no pocos
sinsabores… Digo yo… oye

No hay comentarios:
Publicar un comentario