ENTRE PUENTES
LA HORA DEL RELATO-
LOS SENTIMIENTOS, EL RESPETO Y LA DIGNIDAD-
-No crean que todo ha sido tan idílico, tan bucólico tan
extraordinario… El tratamiento recibido en hospitales, centros médicos, y sobre
todo en residencias de ancianos tanto a nivel públicas como privadas-: Ahora
cuando va amainando la bárbara y cruel pandemia, cuando se van relajando los
resortes, cunado recapacitamos y comenzamos a hacer el balance de lo ocurrido a
nuestras familias, amigos, así como aquellos que tenían puesta su confianza en
las residencias, donde se pagan unos abusivos precios por dicha atención,-“ que
se da por buena, con el fin de que esos padres o familiares estén atendidos sin
que nada les falte”-, se han visto sorprendidos, por una dejadez, una
desatención y un desproposito, que entre unos y otros, han sido miles aquellos,
que no han tenido oportunidad alguna para seguir viviendo, aunque fuera de
forma limitada en muchos casos, el tiempo que les quedara, con el agravante de
haber muerto en el mayor y vergonzoso desamparo, que ser humano haya podido
soportar- y les aseguro sin pedantería alguna, que se de lo que hablo- (a mayores de haber pasado recluido en
casa, prácticamente aislado, entre fiebres, tosiendo y arrojando, con un temor,
una angustia, y una zozobra, para finalmente y sobre un TAC, comenzar a ver la
salida)… Evidentemente poco, en
comparación con amigos y conocidos, que ya no volveré a ver, ni disfrutar de su
amistad. Si alguien cree aún que esto ha sido una comedia, es que no tiene
conciencia de lo ocurrido, y además ha tenido suerte, por el momento.
Nadie duda del esfuerzo, dedicación, empeño,
constancia y profesionalidad de nuestros sanitarios… claro que no: Pero al
igual que en otros muchos desaciertos, abusos desorientación y desorden por la
llegada de una pandemia, que nadie conocía, con un virus invasivo y asesino… al
verse desbordados han llegado los errores, y las tomas de decisión, se han
visto perturbadas, y lo han pagado las
personas más vulnerables, más necesitados, más nobles, que no han protestado,
ni gritado ni tan siquiera han mirado con rencor, sabiendo que morían, sin
nadie que sujetara su mano, o presenciara ese rostro familiar… Me llegan
algunos tristes comentarios de militares de UME… de la valentía con la que
aceptaban su destino, no quedaba más remedio que emocionarse y mostrarle el más
absoluto respeto… Sera difícil de olvidar estos sentimientos… Y una lección de
dignidad, nos perseguirá siempre…
Al mismo tiempo uno escucha los relatos de aquellos hijos,
que se desesperaban por tener noticias, de sus familiares, que habían sido
llevados a ciertos hospitales, y tras un “viacrucis” telefónico, no se
encontraban allí, los habían trasladado a otros, cuando no, ya habían
fallecido, o esperan una ambulancia durante horas, para fallecer en la puerta,
o en la camilla de una ambulancia… Ahora había que buscar entre los ataúdes de
las morgues y entre las pólizas de las funerarias, cual sería entre
desbarajustes el crematorio, o la sepultura que en soledad iba a ser incinerado
o enterrado a veces con un par de alejados testigos. Tal como relataba una
mujer, que se vio en este trance al perder a su madre en la forma descrita. Se
preguntaba con crispación al sentirse culpable:
“¡Cómo han sido capaces de hacer esto con los abuelos,
cuando ellos lo dieron todo por nosotros! Ellos criaron a montones de hijos,
después de haber vivido una guerra y posguerra, nos cuidaron, nos ayudaron, nos
dieron la educación, a nosotros y a nuestros hijos, de los que también se
ocuparon.
Tantas preguntas sin respuesta, tanto sufrimiento por
desconocimiento, tanta falta de amor y respeto a nuestros mayores ¿De verdad
era necesario hacerlo de esta forma en aras de la salud pública?
La impaciencia, el desasosiego, la impotencia se hacía cada
vez más insoportables. Nunca me podía imaginar que murieras en estas
condiciones, sin que dejaran que nadie de los que te quieren estuviera a tu
lado. Te han robado, mamá, nos han robado ese instante sublime de la despedida
última, tan ligada a la intimidad humana. Todo fue impuesto, sin información ni
explicación, con miedo… Y al día siguiente, al amanecer, nos llamaron para
darnos la noticia fatal. No logro entender, con el dolor y la rabia que
enturbian mi mente, por qué no me dejaron estar contigo. Podernos ver,
transmitirte mis últimas palabras, poder sonreírte a los ojos. No, no lo
permitieron”.
Fermín
González salamancartvaldia.es
blog taurinerias

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