ENTRE PUENTES
CONVIVENCIA
Compartir la vida es
una necesidad física y emocional del individuo, propiciando, además, un
fortalecimiento colectivo y nuevos saberes a partir de las experiencias individuales,
en pos del desarrollo.
Si repasamos la historia de la humanidad nos encontraremos
reiteradas veces con la convivencia de culturas y de civilizaciones que produjo
resultados muy positivos para la evolución humana, pero también con conflictos
extremos cuando la convivencia no fue posible ni feliz desembocando en guerras
para dirimir las diferencias y la autoridad de un espacio.
Un caso emblemático de
respeto, admiración, y contacto fueron Grecia y Roma, donde ésta última
aprendió muchísimo de la otra, e incluso absorbió gran parte de su cultura
haciéndola propia.
Apenas nacemos
convivimos con integrantes de nuestra familia: mamá, papá, hermanos, abuelos,
tíos, entre otros parientes, más tarde, en la etapa adulta, lo habitual es
convivir con la pareja, aunque también se puede dar con amigos u otras
personas. Por otra parte, y además de, en la casa, tendremos que convivir
con diferentes individuos en ámbitos como la escuela, el trabajo, el club, el
espacio público. Es decir, aceptar la vida en común como norma esencial. La
condición básica es la de compartir un mismo espacio con otras personas y por
supuesto que ello se desarrolle en un marco de paz y armonía.
Todas las disciplinas que se ocupan del estudio del ser
humano desde algún aspecto, entre ellas la sociología, la psicología, y la
medicina, coinciden en el hecho que mantener una buena convivencia es crucial
para la salud emocional y física de cualquier persona.Estar acompañados y
contenidos por individuos a los que queremos nos hace más felices y nos
predispone de una manera absolutamente positiva hacia la vida y las
contingencias que está siempre presenta.
Es sumamente común que las personas que viven y pasan mucho
tiempo juntas mantengan conflictos y desavenencias entre sí, ahora bien, cuando
esa situación es constante y no logra revertirse terminará influyendo de manera
negativa en la vida de esos individuos y será preciso encontrarle una
solución. Hoy se reparten por todo el territorio, buena cantidad de gabinetes
terapéuticos, de contrastada solvencia donde la terapia psicológica, puede ser
una salida efectiva, ya que el terapeuta se centrara en tratar de dilucidar
junto al paciente la causa que provocó el malestar, pero si ello no resulta lo
mejor será dejar de vivir con la persona, con el fin de preservar la salud de ambos,
y con ello empeorar o agravar la convivencia.
Los conflictos entre
las personas que conviven son naturales, y hasta puede considerarse sano que
existan en cierta medida porque vivimos en un mundo en el cual se mezclan las
ambiciones y necesidades personales con los objetivos colectivos, pero cuando
traspasan el límite de lo normal pueden afectar la salud, y en este punto es
donde se debe buscar ayuda o replantear la situación.
Volviendo atrás en el tiempo nos encontramos con que muchos
de los conflictos bélicos más cruentos se sucedieron por la imposibilidad de
convivir con aquel que piensa diferente a uno. También evidentemente por la
defensa, del espacio, por causas económicas y sin duda por la pérdida del
respeto y tolerancia, claves de paz y convivencia armónica. Sin embargo se ha
de tener muy en cuenta, que independientemente de estos conflictos bélicos
entre naciones, donde unos no quieren ceder su riqueza y bienestar, y otros
luchan por encontrar una vida más digna, más cercana a esos derechos que se
proclaman, pero nunca llegan. Hemos de tener muy en cuenta y debemos sostener
que:
Es absolutamente posible convivir en paz si todos se lo
proponen y tan solo siguiendo algunas pautas: respetando la privacidad del
otro, los horarios, las actividades y compromisos de cada uno; siendo tolerante
en las diferencias de pensamiento; y colaborando en el mantenimiento del orden
del espacio de convivencia. No es tan difícil. Otra cosa es querer, y
ahora tenemos un tiempo para pensar en ello.
Fermín
González salamancartvaldia.es
blog taurinerías
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