ENTRE PUENTES
¡SOMOS TAN INGENUOS Y
CRÉDULOS!
Con la fe, mejor que con la esperanza, ya que la fe, actúa
sin descanso y la esperanza, aunque sea una muy digna condición a tener en
cuenta, se sienta a que le llegue su momento. Nos apoyamos en la fe, para pedir
a aquellos que disponen de cierto poder en tribuna, pantalla, ondas de radio, u
otros recursos de comunicación, actúen como personas agradecidas, libres,
honestas, con honor, con dignidad, con valores sociales y virtudes humanas…
Pido esto: -¡“bien lo sabe Dios”!- con el fin de que nuestra ingenuidad y más aún nuestra credulidad, no se acreciente,
y no seamos engañados por enésima vez. -Porque es muy cierto, que los humanos
llevamos muy orgullosos nuestro título de seres racionales, pero también es cierto,
que nos creemos casi cualquier cosa que nos digan-. Somos unos crédulos, en
grado superior.
Poco importa lo tonto
o increíble que resulten: somos capaces de suspender nuestro juicio por razones
totalmente anodinas. Incluso cuando sabemos que seguramente nos están
engañando. Y no sólo en época de elecciones; en este tema ya tenemos presente
que el incumplimiento de promesas, programas, leyes, disposiciones y
condiciones de vida y justicia, junto a otro catálogo de “charlatanería” y
vaguedades, es todo un rosario de mentiras que se sucede y se han venido
sucediendo, según lo que corresponda votar.
Pero otros engaños también son posibles. Ocurre por ejemplo
con el uso de famosos, en publicidad. Todos sabemos que le pagan por anunciar
ese reloj, ese automóvil o ese servicio de fibra óptica. Entonces, ¿por qué
picamos? ¿Sera por ese instinto ancestral que nos induce a seguir al líder del
rebaño? Algo parecido nos ocurre con los anuncios de esos yogures, para
mantener un vientre liso, para el tránsito
intestinal, o bajar el colesterol, además anunciados por jóvenes esbeltos y
delgados, que en realidad, lo que casi necesitarían es comerse un buen
solomillo. El efecto de la imagen es muy poderoso.
El uso que hace la
publicidad en ese túnel de la mente en un ejemplo de lo fácil que resulta
engañarnos. Las conspiraciones a gran escala son nuestra debilidad. Nos
fascina pensar que hay un poder oculto capaz de mover los hilos de la historia.
Por más rocambolesca que sea la historia, nos la creemos a pies juntillas, ya
trate sobre extraterrestres confinados en una base secreta, sobre las apariciones santas, o las llamadas
del más allá. Además, en toda conspiración que se precie hay unos pocos que,
sin aportar más prueba que su palabra, pretenden haber desenmascarado a los
poderosos que lo traman todo… Dicen que no salen más testigos del montaje
porque están amenazados, ¡y se quedan tan ufanos! Y tragamos.
¿Cómo es posible que haya millones de personas piensen que
es cierto lo que relata “el código Da
Vinci”? En realidad, nos gustan más las leyendas, los mitos que la
historia: los cristianos más fervorosos, creen que una mujer puede dar a luz un
niño sin la intervención de un varón; los musulmanes que Mahoma viajo en un
caballo alado hasta Damasco; los mormones, que su libro sagrado proviene de
unas nunca vistas planchas de oro cuya localización fue anunciada por un ángel…
Eso sí, cada uno de ellos descalificara las creencias del otro tildándolas de
mitología.
El engaño siempre
existió, sí, pero antes todos decían luchar contra él. Ahora, por el contrario,
se empieza a cultivar como una buena técnica profesional el revoltijo de
trampas de lenguaje basadas en el sensacionalismo, los sobrentendidos, la
insinuación, la alusión, la presuposición, los eufemismos. Y, si se trata de
definir ese paquete, lo de encontrar la verdad; suena realmente a broma. Porque
puede que estemos llamando a la verdad, la era de la manipulación”. ¿Dónde hemos
dejado aquello de que “afirmaciones extraordinarias exigen pruebas
extraordinarias?...Ni se sabe tú…
Fermín
González salamancartvaldia.es blog taurinerías
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