ENTRE PUENTES
PIEDRAS EN EL CAMINO
El otro día; en el paseo matutino que debo hacer por
recomendación médica, se coló en mi zapatilla deportiva, una pequeña piedra, el caso que, por no parar, desatar, y volver a calzar, estuve soportando
la “chinita” y según iba caminando hacia casa, me asalto la reflexión que da
forma a este artículo. - Hay veces que cualquier cosa por nimia que sea, te
enciende la luz-.
“Anda con suavidad y
llega lejos”- dice un proverbio chino- Y la idea que nos sugiere para andar
cómodos en el camino de la vida, es conveniente que no vivamos como difícil o
imposible el hecho de detenernos. Y, es que a menudo en el camino de nuestra
existencia, se nos cuela una piedra
en los zapatos cuya presencia es sumamente incomoda. Lo razonable es detenerse
y liberarnos de ella. Pero aunque resulte paradójico, a veces preferimos
encajarla, antes que detenernos y volver a dejar a nuestra molesta inquilina en
el camino.
Convertido en costumbre, los motivos de preferir llevar la “china” con nosotros,
puede tener que ver con la inercia de la prisa, la vergüenza o la pereza. Así
la pequeña tortura puede llegar a acompañarnos un buen trecho, hasta casa, -
como ocurrió con servidor-. Pero llegados a este punto la relación amor- odio
puede dar mucho de sí. Por ejemplo, podemos optar por responder, a quien nos pregunte la causa de nuestros extraños
andares, que tenemos una piedra incomodísima en el calzado, pero que no hemos encontrado
aún la manera, el momento ni el lugar de quitárnosla de encima. Quizá, si nos
interpelan y preguntan por qué no nos libramos de ella de una vez y en un
simple gesto, argumentamos que en el fondo no es para tanto, o que al fin y al
cabo no solo te acabas acostumbrando al dolor, sino que incluso le acabas
cogiendo cariño a la “china”. En cualquier caso, la cantidad de argumentos es
ilimitada y depende de la imaginación del propietario del zapato ocupado. Esta
metáfora se antoja sumamente apropiada para reflexionar sobre aquello que a
veces llevamos a cuestas y que nos complica un tránsito liviano, amable y en
paz por la existencia. A saber:
Piedras mentales, determinados prejuicios y creencias que
tenemos sobre nosotros mismos, los demás, o la vida pueden ser un verdadero
lastre para el camino de vivir. Esas piedras que se encargan de destruir encuentros,
aprendizajes necesarios y experiencias reveladoras. Desnudase de prejuicios es
un ejercicio sumamente saludable que nos abre una buena cantidad de relaciones.
También convine revisar las creencias que tenemos sobre nosotros mismos que
pueden ser verdaderas mordazas en el cambio de nuestra vida.
Piedra emocionales que se cuelan en forma de relaciones no
deseadas, que en lugar de darnos satisfacción nos hunden anímicamente,
compañías que en definitiva nos hacen sentir mal, que generan mal humor y
pesimismo y nos abren las puertas del pesimismo y agotamiento psicológico. Son además
causantes de daños en nuestra autoestima, son piedras de las que hay que
despojarse antes de que acaben con nuestra paz interior, alegría y placer de
vivir.
Piedras materiales basada en la nula utilidad de cosas que
vamos acumulando, así como todas aquellas compras que nacen de una bulimia
consumista y de la necesidad convulsiva de sentirnos vivos. Y es que, en
realidad, quien vive de las necesidades ajenas, no se apura en resolverlas. Por
ello es fácil que se nos llenen los zapatos de piedrecillas llamativas pero
inútiles. Las piedras también se pueden colar en nuestra vida en modo de
descuido de nuestra salud, de abulia o apatía a la hora de cuidarnos. La piedra
de la resignación y la pereza apenas se notan cuando entra, pero a la larga sus
efectos pueden ser devastadores. ¿Qué
tal sacudirse de vez en cuando este tipo de piedras pasivo-agresivas y darnos,
ahora si un buen paseo bien calzados, buscando compañías agradables con quien
intercambiar ideas, interesantes?. El final de la reflexión, es en
definitiva, quitar aquello que sobra o nos incomoda y que genere una acción de
placer. Pero pata ello es necesario detenernos a observar aquello con lo que
cargamos y que se nos ha colado para poder andar ligeros de equipaje con los
zapatos de nuestras ideas, afectos y acciones… Y además llevarlos limpios y
brillantes… ¡Pues eso!..
Fermín
González Salamancartvaldia (blog
taurinerías)
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