ENTRE PUENTES
VITUPERIOS EN EL
CONGRESO
Aún siguen mis meninges dándole vueltas al hemiciclo del
congreso de los diputados, que en vísperas de reyes, y con el sabor de mazapán,
y el cava… se iba a debatir la investidura, del que hoy es el presidente del
gobierno. Uno, en su modesta ingenuidad, pensaba que en tales fechas, las
personas –incluso los diputados- tendrían posturas menos beligerantes, que sus ánimos
estarían menos acalorados, más sensatos, mejor preparados para debatir,
etcétera. Y lo cierto ha sido, que han retorcido el lenguaje, con vulgares
expresiones, insultos de mala laya, nada edificantes, para el pueblo español, donde
se dio una muestra clara, por quienes estamos representados. ¡Vaya Parlamento!.
Recuerdo; -(“quizá ha pasado mucho tiempo”) Cuando
las autoridades, maestros, curas, incluso personas mayores, estaban pendientes,
cuando se encontraban en público, o iban a dar cualquier manifiesto, el tener
muy en cuenta a quien representaban y por lo tanto ser, y dar ejemplo, a quienes fuera dirigido el mensaje. Era una máxima
que siempre se tuvo en cuenta: también
se le llamaba respeto… Si, respeto eso que le faltó a sus “señorías” para
con sus votantes, y con todo el pueblo español, y después dando una imagen,
lamentable y desoladora, al mundo entero que nos estaba mirando, con multitud
de foros y altavoces, para poder sintonizar, como este Parlamento español y
europeo, iba a salir del atolladero, para poder –por fin- nombrar un gobierno.
No era tarea fácil conseguir un presidente, con un hemiciclo lleno de colorido
partidista, así sentenciado en las urnas,
y con las posiciones- que aún fraguadas de antemano- no había confianza de que
pudiera salir el candidato elegido.
Al final lo fue por
el estrecho margen que ustedes ya saben. La única nota de humanidad, fue el
reconocimiento de una diputada, que con grave enfermedad se presentó a votar, y
aquellos que subían al estrado trataban de transmitirle suerte y ánimo. Fue
como digo, el momento más agradable, pues en ambas tardes de sesiones, los
representantes públicos, se enzarzaron en un agrio, desconsiderado, y degradado
debate, con mensajes donde incluso por
sus desencajados rictus, estaban llenos de odio, de resentimiento, de rencor,
que ofendían nuestras tripas, no muy exigentes, pero que no podían digerir un
lenguaje, tan trasnochado, retorcido y fanfarrioso, que generaba estupor y mal
gusto, apoyado con ademanes, que invitaban a batirse en cuanto terminara la
sesión…. Vaya ejemplo…
¿Y nos preguntamos todos?: ¿Cómo es posible tanta
mediocridad, tanto rencor, tanto insulto y tanta desconsideración?... El
escenario del Congreso, está para debatir, para discrepar, para defender las
posiciones, con todo aquello, que cada grupo considere, lo justo o lo menos
justo, incluso llevado por los ideales, o la propia esencia de la ideología, y uno, si tiene la firme convicción
de lo que debate, debe hacerlo con rigor, con firmeza debe ante todo intentar
persuadir, convencer, estar abierto a otros razonamientos y consideraciones,
aunque no se ajusten a su ideario, debe ante todo, tener un sentido democrático
como valor primordial, pues lo que esperan sus afines y votantes, que vean en
el mismo un hombre preparado, digno y respetuoso, con los oponentes políticos,
y consigo mismo.
¡Si el señor Casado llega a subir al estrado: Y con voz
templada le dice al aspirante, cuanto hay que decirle, y después le ofrece sus
diputados, con el fin de que no tenga necesidad de otras complicidades, pactos
y cesiones… Y terminando le espeta… que su oposición será, firme, consecuente,
y extremadamente rigurosa, en todos y cada uno de los aspectos o leyes a
pronunciarse!... No hay duda, que se hubiera hecho visible, dando un aldabonazo
inteligente, hubiera puesto a su electorado en el convencimiento, de que es un
hombre de estado, y preparado para gobernar, añadiendo un toque de calidad y de
responsabilidad, que sería capaz de poder exigir cuando tocara. No ha sido así,
sus consejeros sus “paladines”, aquellos que quieren seguir viviendo de la
confrontación, porque así mantienen sus poltronas, no lo han querido, y quizá;
solo quizá, alguno de ellos no le desean lo mejor, y le empujaran al vacío.
Huya de ellos, (no hará falta decir quiénes) de su retórica de plastilina, de sus
beligerantes declaraciones de “guerra”, votemos por la sensatez, el equilibrio,
la voluntad democrática, la fina ironía, el refinamiento del lenguaje, estamos
en un mundo civilizado… Vamos creo yo.
Fermín González
salamancartvaldia.es Blog TaurinerÍas

No hay comentarios:
Publicar un comentario