ENTRE PUENTES
"CUENTISTAS, CÍNICOS Y CHAQUETEROS"
El título del artículo de hoy, aunque les pueda parecer un
grave insulto, no parece serlo tanto una vez, que se ha conocido, el
significado de los vocablos, y parece ser que tampoco lo son para aquellos protagonistas, que se dan en todos los
ámbitos de la vida, en todos los colectivos, incluso, en todas las familias,
-también en las buenas, sí-. Pero dicho esto; lo que chirria de verdad es ver
como políticos que han estado durante años (se supone con la ideología de
partido) que hayan ocupado puestos
relevantes y de responsabilidad cobrando un “pastizal” y defendiendo desde sus
pulpitos los colores, del partido en no pocas ocasiones “a grito pelao”… Ahora,
se cambien de color, y se pasen a las filas, del adversario político y, además
hablan de “fichajes”, como si cambiaran de club, manifestando eso sí, unas
barbaridades disimuladas con retorica oportunista, llena de frases
trilladas aderezadas con viscosa papilla
televisiva. Y, así tan ufanos, y
sonrientes, se mezclan con sus nuevas siglas, y cambiándose la chaqueta y lucir
otro color. No hará falta poner nombres a los que, con inusitada cursilería
llaman transfuguismo.
Por ello me he apoyado en el libro de Pancracio Celdrán, que recoge el extenso repertorio de improperios
y expresiones ofensivas de nuestra lengua, -algunos evidentemente estaban en
desuso-, pero las personas públicas y
relevantes de la política, los que deben tener una conducta ejemplar, con rigor
y seriedad, se unen a despropósitos vulgares y montaraces, que nos piden y nos
alimentan con su verborrea para que confiemos en ellos.-Que pena-.
Oportunista. “Pronto
a cambiar de bando si pintan bastos en el que milita. Se dice también de quien
se sube al carro del vencedor, desertando de las banderas que servía, olvidando
amigos; arribista. Se dice también de
quien deja un partido o credo para abrazar otro. Antaño a esta actividad
innoble se la denominaba "cambiar
de casaca". Es villanía antigua, documentada a mediados del siglo XVI.
La frase pudo haber originado en tiempos de la Reforma Protestante y sus
guerras de religión. Católicos y luteranos vestían casacas de colores
diferentes, pero con forro cambiado, es decir: el forro de la casaca protestante
era del color de la casaca católica, y viceversa. Como deserciones y traiciones
eran frecuentes, a quien se pasaba a la causa contraria le bastaba con volver
la casaca del revés, a fin de prevenir al antiguo enemigo de sus intenciones de
abrazar su causa. Cambiaban de casaca como hoy se cambia de chaqueta, y al
truhán que lo hace se le llama de esta generosa manera”.
Cuentista.
“Chismoso;
que tiene la costumbre de llevar y traer noticias menudas y murmuraciones con
las que indispone a unos contra otros; persona poco seria; correveidile;
sujeto de carácter débil que se va de la lengua cuando lo que conviene
es mantener la boca cerrada. También se usa en lugar de zascandil, embrollón
y liante. Es término ya en uso en el siglo XVII. Martínez de la Parra, en la
segunda mitad de la centuria citada, lo utiliza así: Los chismosos, los
que llevan y traen; los cuentistas; los que siembran la perversa cizaña de la
discordia.
Es
insulto leve, pero puede tornarse grave cuando se dice a personas que viven de
su credibilidad, como abogados,
periodistas, sacerdotes, políticos. En cuanto a la frase "tener más
cuento que Calleja", se alude con ella al editor burgalés de principios de
siglo, Saturnino Calleja Fernández, que fundó la editorial más importante de su
tiempo dedicada casi exclusivamente a la edición de cuentos para niños. Se zahiere
así a quien anda siempre con excusas inverosímiles, tratando de justificar su
conducta una y otra vez, de modo que ya no resulta creíble. De quien adquiere
esa fea costumbre decimos que tiene mucho cuento, o que la mayoría de lo que
tiene es cuento..., aludiendo a la materia fabulosa y legendaria de los relatos
infantiles”.
Cínico. “Individuo que hace alarde de no creer ni en la rectitud ni
en la sinceridad, impúdico. A las características descritas únase antaño las de puerco, sucio y desaseado.
Hoy se predica, amén de lo expuesto, del individuo que se conduce con falsedad,
hipocresía y mala intención. Conocida es la anécdota de un insigne cínico de
mediados del siglo pasado, el duque de Sevillano, que tenía adjudicada la
contrata de la paja para los caballos del ejército. Se le acercó un día Isabel
II en cierta recepción quedaba en la Corte, y le dijo: "Duque, ¿es verdad
que os estáis haciendo rico dando paja a los caballos de mis tropas...?";
y el duque, que era de gran presencia de ánimo, y un perfecto cínico, contestó:
"Señora, no; al contrario: me estoy haciendo rico no dándosela..."Pero
la cobraba”. Cualquier parecido, con la realidad que se vive hoy en los
estamentos de la política. Es pura coincidencia, o no.
(Libro de los insultos de Pancracio Celdrán –ediciones Prado 10-1995)
Fermín
González salamancartvaldia.es blog
taurinerias

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