ENTRE PUENTES
UNIDOS: EN LA
FORMACIÓN Y LA EDUCACIÓN
Leyendo este periódico mensual de salamancartvaldia, el
especial dedicado a la educación, ha supuesto alegría y total satisfacción por
aquellos colegios que reflejan sus formas y capacidades del centro, y sobre
todo, cuando ves la dedicación que vienen demostrando, (en esa ardua tarea),
los responsables en estas formas de proceder a la educación y formación en
todas sus variantes de niños y jóvenes haciendo con ello participes a padres y
tutores, lo que me parece una idea encomiable, y muy necesaria.
Si nadie lo remedia, me temo que de nuevo el “Pacto” por la
formación, la instrucción, o lo que se viene en llamar “educación”, no va a tener un acuerdo entre los partidos
políticos, ni tan siquiera por aquellos nuevos llegados, que lo exigían y lo
pedían a grito pelado, en todos los foros. Es natural, ¡si no son capaces de
ponerse de acuerdo en poner a funcionar el País, difícilmente lo harán en
aquello que debería ser, el alma de una Nación. Lamentable.
En España el Ministerio de Educación ha sustituido, por
culpa de ignorantes políticos, al de Instrucción pública, como se denominaba a
principios del siglo XX, con toda justicia y mejor uso del idioma. Acabo de
leer en un periódico nacional que, según el redactor de la noticia, el cardenal
Cisneros, fundador de la Universidad de Alcalá de Henares, “supo ver que en la
educación estaba la clave para la Modernidad”. Es aceptable que se escriba de
educación superior para referirse a la Universidad? ¿Se va al templo de la
sabiduría para aprender ciencias o para educarse? Habrá que reivindicar la
“instrucción” o “información”, para todos los niveles de la enseñanza. Pero
habrá que profundizar en la educación.
No gozamos del mejor momento en la educación y por ende,
tampoco del mejor tiempo de la cortesía, la cultura, la amistad, el matrimonio,
entre otras realidades sociales… Así reflexionaba Marañón en los
años posteriores a la II Guerra Mundial. “Si volvemos la vista a la tragedia que la
humanidad acaba de pasar, una conclusión indiscutible se desprende del
pretérito y lúgubre panorama; del fracaso de la enseñanza”. Y es que la
sociedad se desmorona al faltar la educación. Con ella una civilización se
levanta y sin ella se destruye.
El diccionario de la R.A.E., define la educación como “desarrollar
o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven:
Ello supone la educación de mente y corazón. La primera se refiere a la “instrucción”
científica y técnica que proporciona la escuela y la Universidad y que dota de
destrezas y conocimientos para la vida profesional… La segunda recibe los
principios y valores transmitidos, sobre todo en la familia. Esta dualidad de
acervos, intelectual y moral, expresa el proceso de crianza de los hijos,
inculcándoles principios que les enseñen el “saber ser” y, conocimientos que
les instruyan el “saber hacer”.
Es pues evidente que la misión de la educación no es sólo
enseñanza de contenidos sino, aún por encima de ello, inspiración de actitudes
y valores. Así, que se debe educar con el fin de formar “hombres y mujeres
completos” donde se ajusten e influyan recíprocamente ideales, rectitud moral y
firmeza de carácter. Por ello, debe defenderse la cultura del esfuerzo,
sabiendo no de ser un valor (per se), sino en la medida que este orientado a la
consecución de un bien individual y social. La familia y la escuela tienen el
cometido de preparar para la vida. Pero hay que preguntarse con Ortega: ¿para qué
clase de vida?
La autoridad es premisa de la educación. Padres y con ellos
educadores, que transmiten valores y pautas de conducta deben estar investidos
de ella. Hoy; lamentablemente muchos niños se han acostumbrados a que nadie les
contradiga ni les obligue a hacer algo contra su voluntad, que es todavía más
irracional que irreductible. De niños y
adolescentes tiranos derivan jóvenes indomables y adultos inmorales. Y
en todo tiempo ácratas al no aceptar el sometimiento a regla o norma alguna,
por considerar que coarta y/o atenta contra su libertad.
Evidentemente muchos no hemos tenido el sosiego, el temple,
el saber para imponer algunos principios, y hemos hecho lo que hemos podido, en
cada época y circunstancias, y obligaciones que nos impuso la vida. Sin embargo
inculcamos valores como: generosidad, sinceridad, gusto por el saber, esfuerzo,
fortaleza, entusiasmo, orden, planificación, economía, austeridad,
comportamiento y como no; alegría razonando situaciones fáciles y difíciles,
junto a algunas virtudes más que proporcionaba optimismo para vencer y ser lo
más humanamente feliz que se podía. La educación no deja de exigir
coherencia vital. Hacer lo que se
predica. Se educa con ejemplos y con palabras que acompañan a penetrar en la
vida. En una ingenua viñeta, la niña pensativa dice:
“Mama Papá no os preocupéis, no os escucho, os observo todo
el día”
Fermín
González salamancartvaldia.es blog
taurinerias

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