ENTRE PUENTES
NO DEJES QUE EL MOVÍL
TE INMOVILICE
Hemos llegado a un punto, en el que lo más habitual es que
las reuniones sociales se vean interrumpidas por mensajes y llamadas. Y parece
que esto no se considera mala educación, pero comer con la boca abierta sí.
Admiten los psicólogos y especialistas en estos temas, que hacen falta nuevas
reglas de conducta asociadas a las tecnologías. “Por ejemplo: sería inaceptable
que, en medio de una conversación, sacara un libro, porque necesito unos
minutos fuera de la charla para leer un capitulo. Pues es igualmente
inaceptable salir de una conversación para atender una llamada”.- (Sin embargo,
ustedes pueden comprobar amigos lectores que, esta mala práctica, se viene
desarrollando de continuo en nuestro vivir cotidiano). Además suele ocurrir que
estas no son urgentes, sino más bien insustanciales,
la mayoría de las veces. No interrumpir una charla con alguien por culpa de una
llamada o un mensaje sería “un buen comienzo”. – Servidor siempre pensó, que
esto distinguía al oyente; es decir, que le importaba la comunicación.
Ahora, los sociólogos
y psicólogos interpretan, que sería necesario establecer espacios “sagrados”, sitios donde los teléfonos
no deben tener cabida. “Estos son la cocina, el comedor, el aula, el coche y,
por supuesto, en los lugares de trabajo, en ciertas reuniones llamadas
importantes, o sea, delante del médico o el banquero etc. En este sentido, los
analistas destacan que los mensajes y los e-mails son perjudiciales y malos
para la creatividad, la atención, la colaboración y la productividad.
Queremos creer que la tecnología solo cambia lo que hacemos
y no quienes somos, pero en realidad modifica cómo vemos el mundo. Nos conviene
ver la tecnología solo como una herramienta, pero es mucho más. Quienes niegan
su poderoso impacto subjetivo tienden a decir que no es más que un instrumento
que solo nos proporciona la posibilidad de hacer las cosas de una forma nueva y
que nosotros como humanos seguimos siendo iguales. Pero no es cierto. El
teléfono, ese aparato, que no soltamos de la mano, que ya no “vivimos” sin él…
tiene particularidades que lo diferencia del resto de otras tecnologías, que
hemos aceptado, y que lo hacen particularmente poderoso desde un punto de vista
psicológico. Y, bien puede definirse como una maquina intima. Un móvil siempre
está encendido y lo llevas contigo, por lo que es una distracción constante.
Nos distrae tanto de las personas con las que estamos como de nosotros mismos.
Y eso lo pagamos en nuestra capacidad empática, pero también en la de
aburrirnos y estar solos; y la facultad de estar solo es la piedra angular de
otra capacidad nuestra, la de conversar. Si no eres capaz de reunirte contigo mismo,
no puedes escuchar a los demás ni lo que tienen que decir, ni prestar atención
a sus interrogantes, más variados. Y necesitamos apoyarnos en los otros y que
estos nos ayuden a gestionar el frágil sentimiento del yo.
Lo que quiero decir, es que estamos creando caminos que
bordean la conversación, que estamos evitando charlas en las que nos
sentiríamos vulnerables, en las que se permitía que las cosas evolucionaran, en
las que se nos pediría que nos mostráramos para revelar quienes somos como
personas. Esta capacidad de mantener una
conversación espontanea, es un don precioso. La tecnología nos incita a pensar
que conseguir que los estudiantes o nuestros hijos se involucren con ella es
algo poderoso, parece tan importante que perdemos la perspectiva sobre el valor
de otras cosas que se necesitan. Así que ves aulas y niños sentados con sus
IPADS o TABLETAS, y sus profesores están sin hablar, cuando conversas con
ellos, dicen que los estudiantes están interactuando, con otros alumnos de todo
el mundo, o realizando algún programa educativo. Y lo mismo ocurre con los
padres, en casa. Durante el desayuno, toman sus teléfonos y no hablan con sus
hijos, todos están enviando mensajes, o mirando internet. Realmente nos
olvidamos de las cosas importantes y básicas que deben suceder, ya sea en el
hogar, el aula o en esos lugares donde quede interrumpida la conversación, y la
vista se dirija a una pantalla, y no a los ojos de tu interlocutor. Vamos
sobrados de conexión… Atacados.
Fermín
González salamancartvaldia.es
blog taurinerias
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