ENTRE PUENTES
RECUERAR LA DIGNIDAD
¡”Hace ya unos cuantos años, cuando recién entrabamos en
crisis económica, de empleo, de burbuja inmobiliaria, de corrupción, de
desajustes, tasas, impuestos caníbales, de recortes en los sectores más
delicados y dolorosos, de rescates bancarios y cajas de ahorro, de insultante
mediocridad política, de políticos, testaferros, banqueros, de tantos % en las
adjudicaciones, de alcaldías que
vendían, compraban, y
recalificaban terrenos y predios para llenar sus valijas, desahuciando a los
que habían arruinado la banca; de todos estos despropósitos, que ha dejado este
retortero de gravísimos duelos, hemos perdido también la clase media, la
pobreza se ha instalado en la misma, comedores y asociaciones están llenas de
personas, de las que puedo asegurar, algunos sienten una vergüenza superior
porque se les vea hacer cola, al igual
que en las oficinas de empleo. Pues de todo esto y alguna cosa más, con
preocupación y tristeza hablamos en nuestras caminatas matutinas, mi buen amigo
Manolo y servidor”! Y hace ya unos cuantos
años, vaticinábamos, que este País llamado España, desgraciadamente, tendría
que convivir y tener en cuenta a cuatro millones de parados. Y en esas estamos
en 2017. Porque de todas las “ruinas” expuestas, sin duda esta es la peor.
Todos, necesitamos sentirnos
productivos y útiles como seres humanos, bien trabajando para otros, bien como
autónomo, incluso también para encontrar una ocupación que nos haga sentir
satisfechos en la vida. Emprender alguna tarea y completarla es algo esencial y
básico. Si menospreciamos y reprimimos esta necesidad, pasamos a una
experiencia dura, dolorosa y extenuante que se ve prolongada a la falta de
interés. Y, las personas, que por la causa de no sentirse útiles pierden el
interés por la vida; se desmoronan. No tienen ningún objetivo y comienzan a
convertirse en una carga para sí mismos y para la sociedad en la que viven.
Padecen graves depresiones, se menosprecian y empiezan a experimentar síntomas
de todo tipo.
A la entrada del campo de AUSHWITZ, se podía leer un letrero
significativo (“El trabajo os hará libres”), es decir, os dará la felicidad.
En ambos casos hay un error de concepto, el segundo teñido de crueldad.
La maldición bíblica (“Comerás
el pan con el sudor de tu frente”) impregno la palabra con la severidad de un
castigo eterno, una condena perpetua para todos los individuos, por un pecado
original, del primer padre Adán el seducido, complaciente con la seductora Eva,
de trágicas consecuencias en la mentalidad popular de los creyentes. Una
sentencia, que se me antoja injusta. El sudor de la frente, es metáfora del
trabajo, considerado aquí como un castigo necesario para la supervivencia del
hombre sobre la tierra. La condena es absoluta, sin límites de espacio y
tiempo; injusta porque no se extiende a todos por igual, ya que son sólo unos
pocos los que de verdad trabajan “con el
sudor de su frente”, para mantener el ocio de los demás.
Desde que la humanidad comenzó a dividirse entre ricos y
pobres, el trabajo es considerado como una simple mercancía, una pesada carga
que se soporta buscando un beneficio económico. Unos desheredados venden su
esfuerzo, como otros venden su cuerpo, para poder sobrevivir. Es una condena
que solamente un vuelco de fortuna puede redimir. En ese momento la alegría
sustituye a la tristeza y al conformismo. En todo caso, el trabajo es el único
patrimonio del pobre y, donde se acusa a la inhumanidad de la industria que ha
desprovisto al trabajador de su dignidad.
La doctrina católica, sin embargo, ha defendido siempre la
bondad moral del trabajo como redentor de la pecaminosa condición humana.
Trabajos, penas, penitencias y tribulaciones, son la fuente del verdadero
placer, según algún Padre de La Iglesia, se llegó a decir y escribir, que los
ricos, porque no trabajan “no consiguen
el placer del sueño”, en cambio el pobre tiene fatigados sus miembros,
cuando pone fin a su dura jornada y, se apodera de él un sueño dulce y profundo, obteniendo con él una más que
estimada recompensa a sus honrados esfuerzos”.
La cita; como ustedes comprenderán es de un cinismo
mayúsculo… Vamos – digo yo-.
Fermín González Salamancartvaldia.es Blog taurinerías
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