ENTRE PUENTES
EL PODER DE LAS
PALABRAS
Hay quien dice que: las palabras son como las pistolas “las
carga el diablo”, servidor no lo cree, incluso no creo que haya “diablo”.
Aquello que decimos o escribimos es mucho más que un sonido e impresión;
pienso, que las palabras son el vehículo de contacto de nuestra alma con la
realidad y gracias a ella tomamos conciencia y simbolizamos lo vivido. Ellas
brindan además la posibilidad de significar toda experiencia, desde lo
aparentemente banal hasta lo trascendente nos ayudan a dar sentido a la vida. Paradójicamente,
también nos ayudan a tomar distancia, a ganar perspectiva, a desahogarnos. Nos
permiten alejarnos y acercarnos, gestionar distancias, entregarnos o partir.
Según algunos observadores, se está extendiendo en la
sociedad actual un lenguaje que refleja el crecimiento de la agresividad. Cada
vez son más frecuentes los insultos ofensivos, proferidos solo para humillar,
despreciar y herir. Palabras nacidas del rechazo, del resentimiento, el odio o
la venganza.
Por otra parte, las
conversaciones están a menudo tejidas de palabras injustas que reparten
condenas y siembran sospechas. Palabras dichas sin la menor prudencia y respeto
que envenenan la convivencia y hacen daño. Palabras nacidas casi siempre de la
irritación, la mezquindad o la bajeza. No es este un hecho que se dé soló en la
convivencia social, entre personas cercanas o en la misma familia. Es también
un grave problema de la Iglesia donde se perciben divisiones, conflictos y
enfrentamientos en un estado de cosas que sienten la necesidad de dirigirnos
una llamada urgente, y duele comprobar como al mismo tiempo en la familia y en
la sociedad consentimos diversas formas de odios, calumnias, difamaciones,
venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier
cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas.
Nos olvidamos con frecuencia que, gracias a las palabras percibimos los
diferentes contrastes, y nos acercan al mundo. Con ellas creamos y exploramos
universos reales o imaginarios. Son puente para conocer y reconocer al ser
próximo, descubrir sus matices, su humanidad, y su estado de ánimo. A través de
sus combinaciones podemos encontrar lo que nos une a otras personas, o todo lo
que nos separa de ellas. Elegir la palabra adecuada en cada momento constituye
una decisión mucho más importante de lo que puede parecer a simple vista. Es
lamentable el camino que está tomando el don de la palabra, como la sociedad se está
diluyendo en un mar de sintonías llenas de gritos, de mentiras, de confusión.
Estamos perdiendo la conversación, la comunicación hablada, la razón
demostrada… Estamos en definitiva embruteciéndonos, y lo hacemos sin el menor
sonrojo, y lo que es peor sin mirarnos a la cara para despedirnos. Ya lo
haremos por el móvil…- Como te lo digo
tu-.
Fermín González Salamancartvaldia.es blog taurinerias


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