ENTRE PUENTES
EMERGENTES
Parece ser; que fue por el 2009, cuando Occidente comenzó a
darse cuenta de que el capitalismo salvaje es insostenible. E incluso de una
verdad todavía más incómoda: que la crisis económica y financiera que padece el
sistema es un fiel reflejo de la escala de valores y de conciencia que vive
desde hace tiempo la sociedad, Parece como si hubiéramos perdido el rumbo. Y al
no saber a dónde vamos, la vida nos está revelando una dirección a seguir por
medio de profundas modificaciones estructurales. Y, aunque sería muy de desear,
que los grandes prebostes, de la política, la industria, la banca y los todopoderosos mercados
financieros despertaran a esta responsabilidad, nos tememos, que no será fácil, que los mismos se sumen a estos
imparables cambios que se avecinan. No hay más que observar lo que ocurre a
nuestro alrededor y, en las cercanías.
Aunque necesarios, los cambios que no elegimos de forma
voluntaria y consciente no suelen ser fáciles de asumir ni de aprovechar. Por
eso, en general, no nos gustan, incluso los tememos. Pero hay una ley en la naturaleza
que dice que nada muere ni se pierde, sino que se transforma. Y que para
construir lo nuevo, primero debe destruirse lo viejo, lo que sobra, lo que ya
no es útil y ha dejado de tener sentido. El resultado… Empresas que quiebran.
Oficinas bancarias que cierran. Sectores que desaparecen. Despidos masivos. Y a
nivel psicológico, una contagiosa epidemia de incertidumbre, inseguridad y
miedo.
Muchos economistas coinciden en que este proceso de
regeneración del sistema no ha hecho más que empezar. Y aunque nadie sabe
exactamente que va a pasar, conceptos como confianza,
equilibrio, ética, sostenibilidad, humanismo, y sentido etc., son cada vez
más pronunciados y demandados por los individuos y las organizaciones como
solución real al escenario psicológico y económico actual, y aunque todos estos
vocablos tengan una atrayente vitalidad, tampoco podemos dejar de obviar la incertidumbre
que provoca la corrupción, el lodazal en que se encuentra metido el sistema y
su estamento político.
De ahí que, por más que sigan mirando hacia otro lado, a lo
largo de la próxima década las empresas van a tener que humanizar su manera de
gestionar a los trabajadores, así como
minimizar el impacto negativo que tienen sus actividades sobre el medio
ambiente. Y por más que nos resistamos, a los ciudadanos de a pie no nos va a
quedar más remedio que modificar muchos aspectos de nuestro estilo de vida
materialista.
Los sociólogos más visionarios predicen que los cuatro
pilares del nuevo paradigma económico emergente van a ser la responsabilidad
personal, el ahorro consciente, el comercio justo, y el consumo ecológico. Y no
solo eso. Una minoría cada vez más mayoritaria empieza a hacerse escuchar,
cuestionando la correlación entre el crecimiento económico que genera el
sistema capitalista y el bienestar de la sociedad. El proceso ha comenzado,
-(no hay más que ver este entramado de fuerzas políticas emergentes desde la
ciudadanía, que se han integrado estas pasadas elecciones). Más allá de caer en
el victimismo, o incluso en el fatalismo, la crisis puede convertirse en una
oportunidad de cambio, crecimiento y revolución, tanto individual como
colectiva. Es hora de asumir la responsabilidad de nuestra propia vida, debemos
redescubrir quienes somos verdaderamente y emprender proyectos profesionales
útiles, creativos y, sobre todo, con sentido. Por ello, se presiente, que una
vez transcurrido – este año apretado de elecciones-, puede ser que se abra una
nueva etapa social y económica, basada no en lo que tenemos, sino en lo que
somos… ¡Vamos digo yo!
Fermín
González comentarista- Salamancartvaldia.es
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