Arte culinario y tradición
Aquí empieza mi oda: Historia de un mesón castellano, en Peñaranda ubicado. Fue, una señora, de por aquel entonces, recia, fajada, y dispuesta que atendía por Leandra, quien hace más de un siglo, corría el (1885). Cuando abrió las puertas de Las Cabañas, que así se llama el mesón.
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Buena cuenta dieron, de los suculentos potajes los comensales de antaño. Mercaderes, arrieros, viajantes, tunantes, maletillas y cómicos de medio pelo, comieron de la cocina olorosa y caliente, que Leandra atizaba en sus fogones… ¡Carnes salvajes asadas, cerdo y cordero, regados de vino blanco y tinto del malo, y del bueno.
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Qué bien lo contaron, los juglares, trovadores, poetas, pagineros y hasta en la plaza del pueblo avisaba el pregonero. ¡…Que un reguero de gente de capital…! Un preso con la Guardia Civil al frente…! Y unas señoras de buen ver…! Se apean en el mesón Las Cabañas… para llenar las andorgas…y seguir ruta después.
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Y, ahora mas de cien años después, otra mujer de porte y distinción obra el milagro de la noble tradición, de seguir con los fogones, de seguir el poético camino, y la señorial sabiduría, de atraparnos los sentidos con aromas y sabores intensos, inolvidables llenos de sentimiento, colorido y gracia, de paladar exigente.
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Desde el fogón de Gerardo, al maestresala Vicente, observo en mi plato todo el encanto, el delicioso asado hecho al amor de la lumbre. En este mesón tan gallardo y centenario, el laúd de los recuerdos nos deleita de nuevo con notas ancestrales. Que a nuestra comitiva espera… Y a nuestra disposición esta.
Con respeto y admiración
Fermín González 10-11-2010
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