lunes, 2 de marzo de 2009

"NACER TORO" ¡VAYA CUENTO!



¡HOLA: SOY UN TORO QUE PASO POR LA VIDA!


H
abía nacido, en pleno campo charro, a la vera de las encinas, chaparros, jaras y riscos, lo hice como lo hacen los toros bravos, como lo hacen también otros animales libres, pariendo mi madre en soledad y al amparo del refugio que brinda la naturaleza. Nada más caer al suelo y roto el velo de calor que me acogía, comprobé el amor, la ternura y esmero con el cual limpiaba mis restos de humedad placentera. Terminado el aseo, me incorpore y me pegue a ella, a su cobijo, a su aliento, a su jadear de cansancio, a su latido, a su fuerte y poderoso quejido. Y cuando mi vista pudo levantarse, pude ver a otros de mi casta como seguían también pegados a su madre. ¡Y me pregunte!: ¿Cómo habrían nacido aquellos hermanos? Unos con luz de lunas y estrellas, otros en atardeceres sombríos, otros en mediodía de sol cegador y sofocante.
Cada vaca madre, criaba su vástago. Podíamos contemplarnos unos a otros sin pudor alguno, como succionábamos de las ubres maternas, como en el breve espacio de nuestro nacimiento, paseábamos como hermanos, lamiendo algún brote tierno y verde hasta llegar a las orillas del regato para refrescar y saciar la sed. _ Día tras día seguíamos viéndonos - . Había complicidad en aquellas miradas, en poco tiempo nos hicimos como hermanos. Comenzamos solos nuestros juegos, paseos, carreras. Nos fuimos alejando y, al tiempo nos deshijaron de la protección maternal, ya no estaríamos más al amparo de sus ubres y cobijo, tampoco nos defenderían al oír nuestro quejido… Pero; ya conocíamos donde el agua, donde el refugio de las noches del calor y del frió. Fuimos al tiempo descubriendo una figura distinta a la nuestra, que espiaba nuestras correrías y movimientos, que nos arrojaba, apetitosa y sabrosa comida. Cada tarde era un regalo esperar, comer y rumiar el exquisito manjar. ¡Descubrimos pues, al hombre!
Con aquellas triquiñuelas, de comida, paseos y al son de cencerros, se nos fue separando de aquel terreno que ya conocíamos. ¡Y de pronto una mañana!, aquel humano nos fue enjaulando, y comenzaron a mortificar nuestro cuerpo tierno aún, con dolor, desde la cabeza a la cola sentía un calor abrasador, sujeto y preso me revelaba a la tiranía- pero, era inútil. De estampida salí de aquella prisión, y sentía como el aire frió, el cierzo refrescaban mis heridas. Mire a mis hermanos de prado, también note en sus ojos el sufrimiento pasado… ¡De ahí, mi rencor y odio hacia aquella figura distinta!, aquel que, le dicen “humano”. Y nos juramos, los que ya éramos hermanos de sangre y fuego que, cuando llegara la hora, seriamos poderosos, bravos y fieros. Que podrían con engaños matarnos. ¡Pero, que tuviera cuidado el hombre! ¡Que estuviese presto y cauto! ¡Que podría caer en su terreno y no tendría piedad de su cuerpo! El, tampoco la tuvo, cuando marco su piel con encendido hierro.
Todos curaron como bravos sus heridas, y después de los avatares sufridos, fueron recibiendo un distinguido trato en el campo. Incluso, confiaron en el hombre, olvidando por un tiempo lo malvado de antaño. ¡No les faltaban atenciones, fina comida, agua abundante, eran admirados por su desarrollo y guapura, cada uno de ellos, lucia su pelaje, su andar, su trapio. Una armonía completa; eran el orgullo del humano, que montado a caballo les llamaba, les silbaba, les sonreía, les llamaba por su nombre, les acompañaba hasta el riachuelo cercano para beber y jugar con el agua fría!.
¡Volvieron de nuevo a engañarles! Y fueron encerrados en otra parte que no conocían, no había jaras, brotes de verde trébol, ni encinas donde rascar su espalda. Era un piso duro de tapias estrechas, de laberinto de puertas, de correrías por encontrar la salida… Al final… Un túnel oscuro que ciegos recorrimos, sin poder dar la vuelta. ¡Rabia nos dio! ¡Contenida fiereza! -¡Uno a uno fuimos entrando!-¡Juntos hicimos el viaje! ¡Y yo; toro bravo, como mis hermanos del campo charro, nos dimos cuenta desde el negro cajón en movimiento, de insoportables ruidos… Cual era nuestro destino! ¡Ahora ya sabíamos; para que fue criado el bravo! ¡Para morir en la arena, ante el regocijo y la mirada de unos cuantos!. ¡Pero, saldremos a pelear, venderemos cara la piel que años atrás marcaron sin piedad!. -¡Ya lo saben señores!. ¡ Cuando se abra el toril, quedaremos para el recuerdo, (“-si saben convencernos-“) que, para triunfar el hombre, hemos de morir primero! ¡También podemos quedar en el olvido, si el llamado hombre, no cumple los requisitos del juego y las reglas del respeto!.
¡-En sus manos pues estamos. Estos que van a salir a la arena traídos del campo charro, podemos dar gloria y nombre- al pelear como los bravos.- Pero, puede ocurrir- .Que nos dejemos matar- . Como seis escogidos mansos.-

MORALEJA- SI LES PARECE UNA HISTORIA CRUEL- LA CULPA FUE DEL HUMANO.-

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